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Los seres concientes forjan la historia (I)

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

CAPÍTULO I: Con el voto, la Izquierda conquista el Gobierno Popular (1970 – 1973)

En 1969 los partidos de la Izquierda chilena se unieron formando la Unidad Popular (UP) y triunfaron en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970. El 24 de octubre, con los votos de la UP y de la DC, el Congreso Pleno proclamó a Salvador Allende Presidente de la República por el período 1970 – 1976.

El Gobierno Popular se inició el 3 de noviembre de 1970. En mil días (la mitad de su período) realizó cambios revolucionarios: la nacionalización de las empresas trasnacionales que explotaban nuestras riquezas básicas, en primer lugar el cobre. Terminó con el freno que significaba el latifundio, al erradicarlo totalmente, con una profunda reforma agraria. Acabó con el dominio que la oligarquía financiera ejercía sobre nuestra economía, al estatizar la banca y otras cien empresas que estaban en su poder. Constituyó el área social de la economía, propiedad de todos los chilenos, formada por 187 empresas, que llegó a controlar el 33% de la producción nacional.

Se llevó adelante una política exterior digna y soberana. Por ejemplo restableció relaciones con Cuba a diez días de llegado Allende a La Moneda.

Todos estos cambios se tradujeron en un mejoramiento de la vida de los trabajadores. La cesantía disminuyó de un 6,3% a un 3%. Los salarios, pensiones y montepíos aumentaron su poder adquisitivo en un 66%. El salario mínimo tenía un poder de compra equivalente a 27,3 kilos de pan al día (actualmente, alcanza para unos 6 kilos de pan diarios).

Se entregó previsión social a 725 mil chilenos. Se crearon consultorios de salud en el campo y en los barrios. Hubo avances en la educación pública y los profesores recibieron beneficios por primera vez sin necesidad de protestas ni paros. Se establecieron becas para hijos de obreros, campesinos y mapuches.

Se dio medio litro de leche gratis diario a todos los niños hasta 15 años. Se publicaron libros de la literatura nacional y mundial a precios muy bajos. Hubo vacaciones populares.

Los trabajadores tuvieron participación efectiva en la marcha del país. Ha sido el único gobierno con ministros obreros.

(Continuará)


Ver:

El paro patronal de octubre de 1972

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Octubre se inicia tenso. La acción sediciosa frenada en septiembre, vuelve a ponerse en marcha. La CIA ayuda generosamente a los fascistas. Los dólares invaden de tal manera el mercado negro, que incluso llega a bajar las cotizaciones de esa moneda extranjera.
El imperialismo y la reacción criolla no descansan en sus intentos de derribar el Gobierno Popular. El Comité 40, encabezado por Kissinger, planifica, dirige y financia múltiples acciones contrarrevolucionarias.

Prólogos de un paro

Una de éstas es el paro sedicioso de octubre de 1972, que tiene sus prólogos:
El 3 de octubre, la FESES lanza otro paro por 24 horas y los estudiantes salen a la calle a provocar desórdenes, quemando neumáticos, apedreando vehículos y peatones. El 8, en clara coordinación con las acciones de la oposición en Chile, la Kennecott Corporation requiere ante el Tribunal de Gran Instancia de París el embargo de una carga de 1.250 toneladas de cobre chileno.

Para los camioneros

En la noche del 10 de octubre, el Sindicato de Dueños de Camiones acuerda un paro. Es un nuevo y serio golpe contra la economía del país. Ese gremio controla 30 mil de los 50 mil vehículos que sirven para el transporte a través del largo territorio nacional, donde el 80% de los medios de transporte está en manos de privados. Así comienza el Paro de Octubre. Se pone en marcha el plan largamente estudiado y que fue concebido el 6 de marzo de 1972 en una chacra de Chiñigue, en torno a un pastel de choclo.

También los comerciantes

De inmediato se lanza al paro el gremio de los comerciantes controlado por el Partido Nacional, a través de las Cámaras de Comercio provinciales; por la DC, por medio del Presidente del Comercio Detallista, Rafael Cumsille; por ‘Patria y Libertad’ por su influencia en el Frente Nacional de la Actividad Privada, FRENAP.

SOFOFA llama a paralizar la producción

El 13 de octubre, los empresarios, agrupados en la Sociedad de Fomento Fabril, SOFOFA, deciden paralizar la producción; esto, unido a la huelga de los camioneros y colegios profesionales.
El Colegio Médico, que no ha efectuado huelga desde 1931, llama a sus asociados a abandonar sus puestos de trabajo en hospitales y postas, bajo la amenaza de la cancelación de sus títulos. Otro tanto efectúa el Colegio de Abogados.

El PDC en la posición sediciosa

Llamado por la DC se inicia el boicot en la administración pública, donde paraliza gran cantidad de técnicos y profesionales.

Corvalán: Es un golpe de Estado

A una semana de haberse iniciado el Paro patronal, Luis Corvalán realiza declaraciones. Dice:

“Esta es una escalada sediciosa, es un golpe de Estado en marcha. No es un golpe al viejo estilo, un golpe militar, porque las Fuerzas Armadas son fieles al Gobierno legítimamente constituido y que en el fondo es lo que disgusta profundamente a los reaccionarios. Como no pueden derribar al Gobierno en vista de la posición constitucionalista de las FF AA, se orientan a entrar más o menos por el mismo camino con que fue derribado Ibáñez en 1931, con la paralización del país… En esta oportunidad se han paralizado los transportes, parte del comercio y hacen esfuerzos por incluir a los colegios profesionales. Quieren darnos la batalla de esa manera, pero nosotros contamos con la mayor fuerza que es el pueblo… El llamado de la SOFOFA a paralizar industrias fracasó porque los trabajadores han estado en sus labores”. (Ref.: “El Mercurio”, edición internacional, del 16 al 22 de octubre de 1972).

CUT sale al paso de la SOFOFA

Efectivamente, el mismo día que SOFOFA llama a cerrar las industrias, el 13 de octubre de 1972, la CUT instruye a los trabajadores a tomar los puestos de trabajo y hacerse responsable de la producción. De los 35 000 talleres y fábricas existentes en el país, paralizan menos de 20; de los 5 000 asentamientos lo hacen sólo 63. En esa ocasión, responde al llamado de la CUT, independientemente de sus posiciones ideológicas toda la clase trabajadora.

El Ejército junto al Gobierno

El Ejército, encabezado por el Comandante en Jefe, el general Carlos Prats, sale al paso a los intentos de crear el caos en ciudades y caminos. La acción del sector constitucionalista logra evitar que los militares fascistas, que desde el interior de las FF AA actúan de acuerdo con la ultraderecha, puedan controlar los institutos castrenses y llevar adelante los planes subversivos.

Rol importante de los voluntarios

Miles de voluntarios trabajan a través de todo el país contribuyendo a que lleguen a la población los elementos indispensables, como alimentos, parafina, etc.

Allende forma nuevo Gabinete: UP – CUT – FFAA

El Gobierno actúa con serena firmeza: Allende forma un nuevo Gabinete, donde participan ministros de la UP, de la CUT y de las Fuerzas Armadas. El general Prats es designado Ministro del Interior. Este Gabinete mete en cintura a los sediciosos.

Corvalán: El PC apoya nuevo Gabinete

Luis Corvalán refiriéndose a los motivos que movieron al PC para apoyar la idea de un Gabinete UP-FF AA-CUT, afirma:

“Para dar un sí definitivo se necesitaba analizar más la cuestión. Y lo dimos en el momento en que la necesidad del Gabinete Cívico-Militar surgió del hecho que el enemigo pasó de la desobediencia civil, al desacato a la autoridad militar, empezó a ‘descolgar’ sus radios de la cadena obligatoria, acentuó sus actos de terrorismo, el Partido Nacional amenazó con acusar constitucionalmente a Ministros de Estado, al Presidente de la República y al Comandante en Jefe del Ejército. La derecha y algunos democratacristianos se lanzaron en picada contra las FF AA, lograron un pronunciamiento del Ministro Erbeta de la Corte de Apelaciones, en contra de la cadena radial obligatoria y el Pleno de la Corte Suprema también entró en el baile, tratando de cuestionar la acción del Gobierno. El conjunto de estos hechos tuvo la virtud de producir un cambio de mentalidad, tanto en el pueblo como en las Fuerzas Armadas. Se vio clara la necesidad de poner mano más firme. La clase obrera había sido la fuerza fundamental que impidió la paralización del país. Pero al mismo tiempo las fuerzas armadas habían constituido y constituían un factor esencial en la defensa del orden interno. Era entonces, lógico que esto tuviera una proyección ministerial”. (Ref.: Eduardo Labarca, obra citada, página 14).

El nuevo Gabinete y finaliza el Paro

Forman parte de él los tres altos jefes de las Fuerzas Armadas: el general Carlos Prat del Ejército, como Ministro del Interior; el general Claudio Sepúlveda de la FACH, como Ministro de Minería; el contraalmirante Ismael Huerta de la Armada, como Ministro de Obras Públicas y Transporte.
De la CUT el Presidente Luis Figueroa, como Ministro del Trabajo; el Secretario General, Rolando Calderón, como Ministro de Agricultura
El viernes 2 de noviembre de 1972 jura el nuevo Gabinete.
La firme actitud del Ejecutivo y las incansables gestiones del Ministro del Interior, dan sus frutos. El lunes 6 de noviembre finaliza el Paro sedicioso de Octubre, que ha durado 27 días y significa al país una pérdida de más de cien millones de dólares.

El MIR contra el nuevo Gabinete

Al MIR no le gusta el nuevo Gabinete. En Declaración citada por “El Mercurio”, señala:
“La incorporación de algunos generales en el Gabinete ha cambiado en una importante medida el carácter que el Gobierno hasta aquí tenía… ya que los partidos populares tradicionales dejan de ser el eje político del Gobierno y deben ceder parte importante de este papel a las fuerzas armadas y así el Gobierno debilita más aún su relación con los trabajadores”. (Ref.: “El Mercurio”, edición internacional, del 16 al 22 de octubre de 1972).

Corvalán: Nuevo Gabinete es una avance

Luis Corvalán se refiere al nuevo Gabinete diciendo:

“Yo diría que constituye un avance, un signo de fuerza, más que de la UP, del Gobierno constitucional, de la democracia chilena. Con la formación de este Gabinete se ha producido un cambio cualitativo muy importante, cierta modificación en la correlación de fuerzas. Sin duda de que el Gabinete en el cual están las tres ramas de la FF AA y la clase obrera tiene una presencia relevante, constituye un dique insalvable contra la sedición. Baste recordar que el paro politiquero iniciado por los camioneros recibió con ello un golpe mortal”. (Ref. Eduardo Labarca: obra citada, páginas 13 y 14).

Hace 50 años: El asesinato del Che Guevara

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

El Combate del Yuro

El domingo 8 de octubre de 1967, a las 13 horas, en la estrecha quebrada del Yuro, una numerosa tropa enemiga hizo contacto con el reducido grupo del Che. Éste dividió el grupo en dos. Envió a los enfermos adelante y se quedó con el resto a enfrentar las tropas del gobierno. Luego de tres horas de combate, el Che fue herido levemente en una pierna y fue capturado junto con otro combatiente, el ‘Willy’. Tres guerrilleros perdieron la vida. Otro, herido de gravedad murió al día siguiente. El 12 de octubre otros cuatro cayeron en el combate de Los Cajones. De los seis guerrilleros que el Che había enviado adelante, uno fue abatido. Los otros cinco lograron salir hacia Chile.

“¡Saluden a papá!”

El Che y ‘Willy’ fueron conducidos a Higueras, seis kilómetros distantes de la quebrada donde fueron hechos prisioneros.
Pasaron la noche del domingo 8 al lunes 9, cada uno en una sala de clases de una escuelita de esa mísera aldea boliviana.

El Gobierno del general Barrientos, al recibir la noticia de la captura del Che, decidió asesinarlo para evitar así el revuelo internacional de tenerlo prisionero, entregando la versión que había caído en combate. Dio la orden de asesinarlo en clave: ¡Saluden a Papá!

El Sargento Terán

Poco antes del mediodía del lunes 9 de octubre, el sargento Reque Terán, metralleta en mano y con algunos tragos en el cuerpo para darse valor, irrumpió en la sala donde estaba el Che.

Éste ya sabía el objeto de tal visita. Antes había escuchado el tabletear de la metralleta en el aula vecina en que se encontraba ‘Willy’

– Usted ha venido a matarme, le dijo.

Terán recordaba posteriormente: “Yo me sentí cohibido y bajé la cabeza sin responder. No me atrevía a disparar. En ese momento vi al Che grande, muy grande. Cuando me miró fijamente me dio un mareo.

“Usted va a matar a un hombre”

– Póngase sereno, usted va a matar a un hombre- exclamó el Che.
“Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé la primera ráfaga. El Che cayó al suelo con las piernas destrozadas, se contorsionó y comenzó a regar muchísima sangre. Yo recobré el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que lo alcanzó en un hombro, en un brazo y en el corazón.”

La fotografía que estremeció a la inmensa humanidad

“Muerte en combate”

Eran las 11 de la mañana del lunes 9 de octubre de 1967.
Ese mismo día, los cables entregaban la noticia: “El Presidente René Barrientos anunció hoy la muerte en combate del líder revolucionario castrista Ernesto Che’ Guevara, acaecida en Higueras”.

La noticia de la muerte del Che estremeció al mundo. Al dolor se sumó el repudio al dictador Barrientos cuando se conoció la noticia de su asesinato.

El Siglo, publicó en primera plana el miércoles 11 de octubre: “Sensacional denuncia. Guevara asesinado”.

Venció sobre sus asesinos

Sus asesinos creyeron que matándole destruirían al Che. Se equivocaron. Porque la vida, pensamiento y obras de Ernesto Guevara de la Serna, nacido en Rosario, Argentina, el 14 de junio de 1928, entraron a la inmortalidad. Es que fue un heroico guerrillero. Pero fue mucho, muchísimo, más que eso. Fue un revolucionario consecuente, un comunista.

Su ejemplo es inmortal

Allende y el Che, dos héroes de nuestra época

El 13 de diciembre de 1972, el compañero Presidente Salvador Allende en un discurso pronunciado en la Plaza de la revolución ‘José Martí’ de La Habana, dijo: “Creo que tengo derecho que me honra de decir que fui amigo del comandante Ernesto Che Guevara. Guardo un ejemplar de su libro ‘Guerra de Guerrillas’, que me dedicara fraternalmente. Con su espíritu amplio, me decía allí con su letra dibujada por la fraternidad ¡A Salvador Allende, que por otros medios busca lo mismo. Afectuosamente, Che!’.”

Sus restos mortales descansan en Cuba

Después de múltiples esfuerzos, el 28 de junio de 1997 un grupo de expertos cubanos y argentinos descubrió una fosa común en Vallegrande con los restos del Che y de otros seis guerrilleros.

Tumba y Memorial a Che Guevara en Santa Clara (Cuba)

Los restos del Che fueron recibidos en el aeropuerto de San Antonio de los Baños por su familia y compañeros. Ahora descansan en el mausoleo de la Plaza Ernesto Che Guevara en la ciudad de Santa Clara.

Pudieron asesinar al heroico combatiente comunista por un mañana mejor, pero su ejemplo, su obra, sus enseñanzas no morirán jamás. Así venció el Che sobre sus verdugos.

¡Honor y gloria al comunista que el 9 de octubre de 1967 entró a la eternidad!

Balmaceda de Chile

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

“Él soñó un sueño preciso,
quiso cambiar el desgarrado
paisaje, el cuerpo consumido
del pueblo, quiso defenderlo.

Es tarde ya, escucha disparos
aislados, los gritos vencedores,
el salvaje malón, los aullidos
de la ‘aristocracia’, escucha
el último rumor, el gran silencio,
y entra con él, recostado, a la
muerte”
(Pablo Neruda: “Canto General”)

19 de septiembre de 1891. En la legación diplomática argentina en Santiago está asilado el Presidente José Manuel Balmaceda. El ejército leal ha sido vencido por las fuerzas contrarrevolucionarias financiadas con libras esterlinas. Espera que finalice su mandato presidencial. Toma un arma la coloca en su sien derecha. Dispara. Aún está sin secar la tinta de su testamento político, donde ha escrito:

“No hay que desesperarse de la causa que hemos sostenido ni del porvenir. Si nuestra bandera, encarnación del gobierno verdaderamente republicano, ha caído plegada y ensangrentada en los campos de batalla, será levantada de nuevo en tiempo no lejano y con defensores numerosos y más afortunados que nosotros y flameará un día para honra de las instituciones chilenas, y para dicha de mi patria, a la cual he amado sobre todas las cosas de la vida”.

¿Quién es este Presidente – Martir?

José Manuel Balmaceda es uno de los cuatro grandes mandatarios que ha tenido Chile.
Nació en Bucalemu el 19 de julio de 1840. En 1864 fue elegido diputado. Un año más tarde contrajo matrimonio con Emilia de Toro Herrera. Se dedicó a la agricultura, donde formó su fortuna.
En 1866 fundó el periódico “La Libertad”. Dos años más tarde ingresó al Club de la Reforma, que agrupaba a jóvenes liberales progresistas.
En 1870 fue elegido nuevamente diputado. En la Cámara pronunció importantes discursos, entre ellos, uno sobre la separación de la Iglesia y el Estado; otro sobre los cementerios laicos.
En 1885 resultó elegido senador por Coquimbo.
Designado candidato a la Presidencia de la República, apoyado por liberales y radicales, triunfó en los comicios del 15 de junio de 1886.

¿Cuál era la situación del país?

Chile vivía un momento ascendente. Luego de conquistar su Independencia del colonialismo español, entró en un proceso de acelerado desarrollo económico. La minería, cuya producción se exportaba a Inglaterra, se convirtió en la principal fuente de la renta nacional y en el eslabón inicial de una cadena de cambios económico-sociales.
La producción de cobre se elevó entre la década del 20 y la del 70 en un 1.400% y la de plata en un 1.000%
El área cultivada se creció en un 300% entre 1842 y 1875.
El comercio exterior, en un 500%
Chile, de ser uno de los países más pobres durante la Colonia, llegó a tener, después de la Independencia una de las economías más sólidas y productivas de América Latina.

Surgen formas capitalistas de producción

A partir de 1820 surgieron formas capitalistas de producción, aunque no se alcanzó un capitalismo industrial. Ello por dos factores negativos: el monopolio británico sobre la producción de cobre y el predominio de una estructura agraria con características típicamente feudales.
Entre 1879 y 1883 tuvo lugar la Guerra del Salitre, llamada por la historia oficial Guerra del Pacífico. En ella murieron cerca de 25 mil soldados chilenos, peruanos y bolivianos. Triunfó Chile, que conquistó las provincias de Tarapacá y Antofagasta. Pero el salitre, principal causa del conflicto, pasó a manos del imperialismo británico, representado por John Thomas North, Robert Harvey y la Casa Gibbs.

El imperialista británico John Thomas North

Los ingresos fiscales, por las ventas del salitre, se elevaron en tres veces y media entre 1879 y 1890. La economía adquirió un peligroso carácter monoproductor. Además, el imperialismo inglés clavó sus banderas en Chile.
Por otra parte, las clases sociales surgidas a partir de los cambios experimentados a partir de la década del 20, burguesía y proletariado, se fortalecieron notablemente. Los obreros eran hacia los años 80 del siglo XIX unos 200 mil.
A partir de 1881 se produjeron importantes cambios políticos con un sello marcadamente democrático. Durante el Gobierno de Domingo Santa María (1881- 1886) se dictaron leyes sobre el matrimonio civil, registro civil y cementerios laicos. Con ellos, la Iglesia, tradicional aliada de la oligarquía, vio reducida su influencia social.
Balmaceda, siendo ministro del Presidente Santa María, fue tenaz impulsor de estos cambios.

Mirando el presente con ojos del mañana

Balmaceda asumió la Presidencia de la República el 18 de septiembre de 1886.
Desde que llegó al Gobierno mostró una gran capacidad para valorar acertadamente el momento que vivía Chile, enfrentando con coraje y audacia los problemas existentes.
Comprendió que era muy negativo que el país basara su futuro sólo en las entradas del salitre. En un discurso pronunciado en Iquique el 8 de marzo de 1889, expresó:
“Debemos invertir el excedente de las rentas sobre los gastos en obras reproductivas para que en el momento en que el salitre se agote o se menoscabe su importancia por descubrimientos naturales o por progresos de la ciencia, hayamos transformado la industria nacional y creado con ella y los ferrocarriles, la base de nuevas rentas y de una positiva grandeza”. Y enfatizaba: “Atesoraremos en ferrocarriles y construcciones públicas los 20 millones en que la renta ordinaria excede actualmente a los gastos”.
Este justo razonamiento explica la obra, febrilmente creadora, que impulsó durante su Gobierno. Fue un Presidente que supo ver el presente con ojos del mañana.

Un desarrollo sin precedentes

Durante el Gobierno de Balmaceda (1881 – 1891) se construyeron 1.200 kilómetros de líneas férreas; 1.000 kilómetros de caminos y más de 300 puentes, uno de ellos el viaducto del Malleco; se tendieron 1.500 kilómetros de líneas telegráficas. Se levantaron más de cien edificios para escuelas, con capacidad para 35.000 alumnos, y 20 centros penales. Se dotó de agua potable a 20 ciudades; se canalizó el Mapocho. Fueron habilitados 10 puertos.

Se crearon unas 350 escuelas de diversos tipos: primarias, normales, agrícolas, de minas y la primera escuela técnica femenina; liceos y el Instituto Pedagógico.
La gigantesca construcción de obras públicas, en donde se cancelaban más altos salarios que en otras actividades, produjo el éxodo de campesinos. Las haciendas quedaron sin brazos para sus labores. En una ocasión Macario Ossa, representante de los latifundistas, reprochó a Balmaceda por esta situación. El Presidente le replicó: “El remedio está en sus manos: paguen a sus obreros lo mismo que les paga el fisco y tendrán brazos en abundancia”.
Así era Balmaceda, un hacendado que no vaciló en perjudicar a su clase en aras del progreso del país.

Un gobernante antiimperialista

Balmaceda comprendió lo negativo que era para Chile el dominio británico sobre el salitre. En el discurso del 8 de marzo de 1889, pronunciado en Iquique, sostuvo:
“El monopolio del salitre no puede ser empresa del Estado… Tampoco puede ser obra de particulares, ya sean estos nacionales o extranjeros, porque no aceptaremos jamás la tiranía económica de muchos ni de pocos. El Estado habrá de conservar siempre la propiedad salitrera suficiente para resguardar, con su influencia, la producción y venta, y frustrar en toda eventualidad la dictadura industrial en Tarapacá”.

Los británicos controlaban también los ferrocarriles en el Norte. Por ello, en ese mismo discurso, Balmaceda afirmó:
“Espero que en época próxima todos los ferrocarriles de Tarapacá serán propiedad nacional. Aspiro, señores, a que Chile sea dueño de todos los ferrocarriles que crucen su territorio”.
Balmaceda pretendía la independencia económica de Chile. Pero eso adoptó una posición antiimperialista, concretamente anti británica. Su táctica fue apoyarse en potencias rivales de Inglaterra para así restarle a esta influencia en nuestro país. Por ejemplo, contrató un empréstito en Berlín; trajo a Chile misiones pedagógicas alemanas y francesas; se encargó la construcción de algunas obras públicas a firmas estadounidenses y francesas; se ordenó la construcción de barcos de guerra en Francia; se compró material bélico en Alemania y se contrataron instructores militares en esa nación.

El norte chileno, una factoría británica

Tenía razón Balmaceda. El imperialismo inglés se había apoderado económicamente de la provincia de Tarapacá.

Los ferrocarriles de Tarapacá también eran propiedad de North

John Thomas North, uno de los empresarios británicos que controlaba gran parte de las oficinas salitreras, era dueño también de los ferrocarriles y del alumbrado eléctrico; monopolizaba el comercio de aprovisionamiento de las pulperías de las salitreras; tenía en sus manos la venta del agua, el vital elemento para esa zona, además de otras industrias.
North y su socio Robert Harvey, utilizando medios especulativos y con créditos concedidos por el Banco de Valparaíso, habían logrado apoderarse durante la Guerra del Salitre, de gran cantidad de oficinas salitreras.
North, convertido en el rey del salitre, uno de los hombres más acaudalados de su época, estaba en su residencia en Londres, cuando conoció la patriótica política de Balmaceda. Al ver amenazados sus intereses, viajó a Chile, llegando a Valparaíso el 21 de marzo de 1889.

Un gobierno democrático

Durante la administración de Balmaceda se continuó el proceso democratizador iniciado por el Presidente Santa María.
Balmaceda se vinculó a los sectores sociales más progresistas. Integró a funciones político-administrativas de importancia a elementos de las capas medias. Afirmado en ellas, prosiguió la democratización del país. Se estableció el sufragio universal, mediante una reforma de 1888; se modificó positivamente la ley de municipalidades; se ampliaron las incompatibilidades parlamentarias, etc.
Frente a la clase obrera tuvo una actitud solidaria. En repetidas ocasiones planteó la necesidad de elevar los salarios.
En 1890, a raíz de una huelga general de los trabajadores de Iquique, los industriales de la zona pidieron apoyo del Gobierno para aplastar el movimiento, Balmaceda les envió el siguiente telegrama:
“Deseo que ustedes digan cuáles son las exigencias de los huelguistas y qué pasos han dado ustedes para una inteligencia razonable y equitativa con los trabajadores”.

Vendidos al oro inglés

John Thomas North se entrevistó con Balmaceda convencido que podía llegar a un “arreglo”. Traía regalos para ablandarlo. No tuvo éxito.
Recurrió entonces a un numeroso grupo de chilenos que, pagados por él, actuaban contra los intereses de Chile. Entre ellos había abogados, periodistas.

Carlos Walker Martínez

 

Julio Zegers

 

Enrique Mac Iver

 

También connotadas figuras políticas, como Carlos Walker Martínez, líder del Partido Conservador, varias veces diputado y senador; Julio Zegers, dirigente del Partido Liberal, diputado y ministro de Hacienda en 1878; Enrique Mac Iver, patriarca del Partido Radical, parlamentario durante 46 años, ministro en dos ocasiones y Gran Maestre de la Masonería.
Gran cantidad de parlamentarios eran empleados a sueldo de North. Con toda razón, escribió Balmaceda en enero de 1891: “El Congreso es un haz de corrompidos. Hay un grupo a quien trabaja el oro extranjero y que ha corrompido a muchas personas”

La contrarrevolución de 1891

Entonces North y la reacción criolla echaron manos a la violencia reaccionaria.
El 7 de enero de 1891 se sublevó la Escuadra, encabezada por Jorge Montt. Se inició así la Guerra Civil del 91, que costó 10 mil vidas.
La historia oficial la llama “Revolución” de 1891 y dio por causa de ella al conflicto entre el Presidente y la mayoría del Parlamento. En verdad hubo problemas entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, pero ellos eran la expresión de algo más de fondo.
Esa guerra civil fue la respuesta violenta, contrarrevolucionaria, a la política patriótica de Balmaceda. La llevaron a cabo los sectores perjudicados con ella: el imperialismo británico, los latifundistas y la oligarquía financiera criolla.
Fue una contrarrevolución, porque en nuestro país se estaban produciendo cambios de carácter verdaderamente revolucionarios desde el término de la Guerra del Salitre. Se buscaba el avance hacia formas más democráticas de convivencia; se procuraba el establecimiento y desarrollo del capitalismo industrial; se pretendía reducir y anular la influencia del imperialismo.
Los promotores de esa guerra civil estaban empeñados en impedir en desarrollo de una revolución como esa.

Diez mil chilenos murieron en la Contrarrevolución de 1891

 

Recojamos el legado de Balmaceda

Los contrarrevolucionarios lo empujaron al suicidio. Murió el presidente-mártir. Pero no pudieron matar su ejemplo, sus elevados ideales.
Como expresó el historiador Hernán Ramírez Necochea: “Recojamos el legado de Balmaceda, adaptémoslo a las condiciones de nuestra época y así tendremos una enseñanza más, que nos guiará en el cotidiano esfuerzo por contribuir a la grandeza de Chile y a la felicidad de nuestro pueblo”.

Balmaceda y Allende

Existen muchas similitudes entre la vida, pasión y muerte de José Manuel Balmaceda y Salvador Allende. Sus vidas fueron ejemplo de patriotismo, su pasión fue amar a Chile y a su pueblo, su muerte –ocurrida en ambos casos en septiembre– fue el precio que pagaron por la lealtad a sus elevados ideales.
Como escribió Pablo Neruda: “Como hombres de principios, empeñados en engrandecer un país empequeñecido por la mediocre oligarquía, los dos fueron conducidos a la muerte de la misma manera. Balmaceda fue llevado al suicidio, por resistirse a entregar la riqueza salitrera a las compañías extranjeras. Allende fue asesinado por haber nacionalizado otra riqueza del subsuelo, el cobre”.

Se cumplen 44 años: El Golpe Fascista del 11 de septiembre de 1973

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren,  CEILER

“Desde el primer momento quedó en evidencia el
carácter fascista del golpe. Para derribar el Gobierno
constitucional que estaba ya en un callejón sin salida,
los golpistas tomaron decisiones absolutamente
desmedidas, como el bombardeo de La Moneda por
los Hawker Hunter, el ametrallamiento de poblaciones
y otras acciones terroristas.”
(Luis Corvalán: “De lo vivido y lo peleado”, página 158)

11 de septiembre de 1973. Fecha maldita. Una espada de fuego y sangre cortando en dos la historia de Chile, la vida millones de chilenos; persiguiendo a los que estaban construyendo una patria más linda, presididos por Salvador Allende.
11 de septiembre de 1973, día en que las bestias fascistas pisotearon la primavera que amanecía en medios del trabajo y el canto de un pueblo educado por Recabarren.

Hay quienes pretenden que olvidemos los crímenes. Son los que intentan blanquear a los criminales y a sus cómplices.
Nosotros, como muchos, estamos por defender la memoria popular.
Estamos por recordar y honrar a los héroes que cayeron y también a los que sobrevivieron.
Estamos por repudiar a los que, guiados por los más indignos intereses, torturaron, asesinaron, exiliaron, exoneraron a cientos de miles de seres humanos.

El 11 de septiembre de 1973, las fuerzas armadas y carabineros, encabezados por generales traidores, llevan a cabo el golpe fascista contra el Gobierno Popular del Presidente Salvador Allende, dirigido y financiado desde Estados Unidos por el Comité 40, presidido por el terrorista internacional Henry Kissinger.
Fascista por la violencia física y sicológica –de la cual el bombardeo de La Moneda es un símbolo, acción innecesaria desde el punto de vista militar, pero fundamental para imponer el terror sicológico- y porque su objetivo no era reemplazar a un gobierno por otro, si no cambiar de raíz el proyecto revolucionario y popular impulsado por la UP, por otro contrarrevolucionario; o sea, transformar Chile en todos los aspectos, imponiendo el capitalismo salvaje, el neoliberalismo.

El Compañero Presidente

A las 6,20 de la mañana del 11, el presidente Allende recibe un llamado telefónico en su residencia de Tomás Moro. Se traslada a La Moneda. A las 8,30 las tropas golpistas se apoderan de las calles de la capital.
Los fascistas instan a rendirse al Presidente. Les responde: “Como generales traidores que son no conocen a los hombres de honor”.
Numerosos ministros, hombres de gobierno, dirigentes de la UP, sus hijas Beatriz e Isabel, llegan a reunirse con Allende. Éste ordena salir a las mujeres y a los hombres que no tienen armas: “Vivos serán más útiles para la lucha revolucionaria”.

Se inicia el ataque

A las 9,15 se inicia el ataque contra La Moneda, defendida apenas por menos de 40 combatientes. Los asaltantes del poder embisten con infantería, blindados, artillería. A las 12 horas, aviones rasantes bombardean el Palacio de Gobierno.
Allende se dirige al pueblo en cuatro oportunidades por radio. En su último discurso transmitido por Radio Magallanes del Partido Comunista, dice: “… La historia no se detiene ni con represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada, éste es un momento duro y difícil.”
“Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser cegada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

“¡Trabajadores de mi patria! Tengo fe en Chile y en su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza que mi sacrificio no será en vano.
Tengo la certeza que por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. Me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria…”

Radio Luis Emilio Recabarren de la CUT

El escritor Rolando Carrasco en su obra “Prigué” relata los últimos dramáticos momento vividos por quienes laboran en la radioemisora de la CUT:
“Quedábamos tres emisoras populares en el aire, Magallanes, la Radio IEM, del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile y nosotros, la radio de la CUT, Luis Emilio Recabarren. Las demás de izquierda dejaron de transmitir minutos antes, bombardeadas sus plantas por los rockets de los Hawker Hunter…“Silenciaron la radio IEM, Magallanes y nosotros nos mantenemos en el aire. Repetimos el llamado de la CUT. ‘Permanecer en sus lugares de trabajo’. Intercalamos el Himno de la CUT.

‘Aquí va la clase obrera
hacia el triunfo
querida compañera…’

Llamado de la planta.
-Compañeros, vuelven los aviones. ¿Bajo el equipo de emergencia?
– Déjelo funcionando y aléjese. Partió el relevo.
Tiroteo en los alrededores. Nuestra ubicación en el piso trece nos permite ver el Palacio de La Moneda. Puertas y ventanas permanecen cerradas. En el mástil flamea la bandera presidencial. Allí no se rendirán.
En el edificio vecino, el del Instituto de Extensión Musical de la Universidad de Chile, suenan disparos. A su costado se encuentra el diario ‘El Mercurio’. Caen vidrios quebrados a la calle.
Las emisoras más potentes de la izquierda siguen calladas, Corporación y Portales.
Hay trabajadores en la Plaza de la Constitución pidiendo armas.

RADIO MAGALLANES

“Pero Magallanes se mantiene. Posee buen alcance. Repite el discurso de Allende que escuchamos fragmentariamente. Nosotros nos mantenemos en el aire por casualidad…
“Hay tanques rodeando La Moneda… Quebrazón de vidrios en nuestro edificio. Cerramos las persianas metálicas. Balacera generalizada en el centro. Abajo, en la calle, soldados disparan hacia el Palacio de Gobierno.
Magallanes sigue en el aire. Transmitía Ravest, ahora lo hace Sepúlveda. Luego el silencio. Cerca de las 10,30 de esa mañana, un camión del Ejército llega a la estación transmisora de Radio Magallanes ubicada en Colina. Tres personas que se encuentran en ella son detenidas. Un oficial dispara su metralleta contra los equipos de la emisora. De esta forma la radio del Partido Comunista, la última voz de la resistencia es acallada por los fascistas.
La cadena de emisoras de la Junta lee bandos. Repite amenazas. Regirá toque de queda. Nadie debe venir al centro. Marchas militares.

-Seguiremos en el aire todo lo que podamos, anunciamos.
Podemos poco. Silencian la planta. Le dieron a nuestra antenita de repuesto. El magneto directo no contesta…
“Temblor. Explosión abajo. Como si hubieran derribado la puerta del edificio con dinamita. Caen vidrios rotos. Ordenes, Tableteos. Desde la Alameda humean disparos… Caen trozos de enlucido. Permanecemos agachados en los estudios, salas de control, los demás sentados en el suelo con las espaldas afirmadas a las puertas de los ascensores. Los vidrios de las oficinas también desaparecen desparramándose hacia la calle y los escritorios. Algunos impactos dan en la consola. Pierde velocidad el disco del Himno de la CUT. Engruesan las voces que cantan. Alargamiento gomoso:
‘y el día que yo mueraaa, mi luugaaaarrr…!
Después el silencio. Sólo los disparos. Únicamente las explosiones. Nada más que el retumbar del cañoneo. Exclusivamente las ametralladoras
Inactivos nos miramos las caras. Y entonces comenzamos a comprender la situación, el peligro… (Rolando Carrasco: “Prigué”, páginas 8 a 12)

Leal hasta su muerte

El compañero Presidente fue leal hasta el último segundo de su vida. Muere en La Moneda, defendiendo –como lo dijera- el Gobierno Popular, la Revolución Chilena.
El Partido Comunista en el Pleno de su Comité Central, realizado en agosto de 1977 le rinde homenaje en el Informe rendido por Luis Corvalán:

“Su último servicio a la Revolución fue su holocausto. Le ofrecieron salvar su vida, por no aceptó tratos con los fascistas, ni siquiera para eso. Su sangre estigmatizó para siempre a los traidores.”

Fue el inicio del genocidio

El 11 de septiembre de 1973 se implantó una dictadura fascista, cuyo método fue el terrorismo de Estado, llevado a cabo por las fuerzas armadas y carabineros. En especial por organismos que contaban con todos los medios para perseguir y aniquilar a los opositores, como la DINA, la CNI y el Comando Conjunto.
La base teórica de los crímenes cometidos, fue la Doctrina de Seguridad Nacional: la guerra de exterminio contra el enemigo interno, calificado genéricamente como comunismo.
La dictadura significó la violenta violación de todos los Derechos Humanos
Se perpetró el genocidio contra el pueblo: con miles de asesinados, degollados, desaparecidos, torturados, exonerados, exiliados.

¿Cuántas fueron las víctimas del terrorismo de Estado?

El Informe Rettig, que realizó la Comisión de Verdad y Reconciliación en marzo de 1991, sólo contabilizó ejecuciones y desapariciones. En total, reconoció 2.279 muertes en manos de las fuerzas de seguridad durante la dictadura de Pinochet.
Los dos informes de la Comisión Valech (noviembre 2004 y agosto 2013) reconocieron un total de más de 40.018 víctimas de la dictadura.
A esto se deben agregar los más de 400.000 chilenos lanzados al exilio y los muchos miles de exonerados.
La represión más sangrienta la sufrieron los trabajadores, pobladores, estudiantes e intelectuales.

Eliminaron todo vestigio de democracia

Los fascistas barrieron con la democracia y todas las conquistas de los trabajadores. Eliminaron el Parlamento.
Al Poder Judicial no lo tocaron porque éste, cobardemente, se puso a sus órdenes, siendo un cómplice de sus crímenes. Rechazó más de 50 mil recursos de amparo, que de ser acogidos habrían salvado muchas vidas.
Prohibió los partidos populares y muchos de sus dirigentes y militantes fueron exterminados físicamente.
La CUT, confederaciones y federaciones sindicales fueron prohibidas y perseguidas.
Se impuso leyes laborales en favor de los patrones y contra los trabajadores.
Se dictó una Constitución Política antidemocrática y el sistema electoral binominal.
Se impuso a sangre y fuego el neoliberalismo.
Se privatizó empresas que habían sido del área social, las que compraron a precio de huevo por los grupos económicos de la derecha.
Dejaron al Estado a su mínima expresión, sin los medios para cumplir su deber de proporcionar educación y salud a la gente
Se municipalizó la Educación secundaria y se terminó con la gratuidad de la educación universitaria.
Se terminó con la libertad de opinión, la prensa popular fue prohibida.
Todas estas y otras medidas, en flagrante violación de los derechos humanos.

La lucha por la Verdad

El Mercurio y La Tercera jugaron un rol muy importante apoyando la dictadura y sus crímenes. También lo hicieron radios y canales de televisión.
Pero hubo otros medios clandestinos como El Siglo, que desde los inicios mismos de la tiranía estuvieron informando con la verdad. De enorme importancia en este sentido fue el Programa Escucha Chile de radio Moscú.
Hubo periódicos como Solidaridad, Análisis, Fortín Mapocho, Hoy, que se opusieron valientemente a la desinformación de la dictadura.
Esta lucha por la Verdad y la Justicia sigue teniendo plena actualidad. Hay que salirle al paso a los que ayer asesinaron al pueblo y hoy intentan aparecer cómo las víctimas.

El próximo lunes es 4 de septiembre

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren,  CEILER

Efectivamente, el próximo lunes es 4 de septiembre. Y ese día se cumplen 47 años de uno de los hitos estelares de la historia de las luchas del pueblo chileno: el triunfo de Salvador Allende, candidato de la Unidad -la hasta ahora más amplia coalición de la izquierda chilena-, en las elecciones presidenciales del 4 de septiembre de 1970.

Germinaba un larga jornada

Fue una victoria sobre el imperialismo, que se las jugó por impedir ese triunfo, y los reaccionarios criollos. Fue la acumulación de miles de combates.

Salvador Allende en el emotivo discurso pronunciado en la madrugada del 5 de septiembre de 1970 afirmó: “Esto que hoy germina es una larga jornada. Yo tomo en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo.

Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.”

En  verdad, fue una larga jornada. Una jornada iniciada por Luis Emilio Recabarren. Gracias a su tesonera, audaz y efectiva obra, surgió el movimiento obrero chileno en la segunda década del siglo XX. Y fue éste el que ganó el 4 de septiembre de 1970.

Hace cuarenta años indicaron el camino

En el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Chile, efectuado en agosto de 1977, sobre el cual hemos estado escribiendo, se hace una sabia valoración de la Revolución Chilena, incluido el triunfo del 4 de septiembre de 1970.

¿Qué pasa?

Con preocupación nos preguntamos: ¿Por qué no se recuerda tan importante momento de nuestra historia? ¿Acaso  las fuerzas que tomaron parte en esa gesta han tirado por la borda los principios entonces sustentados?

¿Por qué el Partido Comunista, que jugó rol protagónico en esa victoria,  no realiza un gran acto recordando lo que no se debe olvidar?

¿Es que no se comprende lo importante que resulta para la actual campaña presidencial de Alejandro Guillier el ejemplo de la campaña llevada a cabo en 1970?

Un ejemplo a seguir

Ésta ha sido  la más  corta campaña presidencial  de la Izquierda. Apenas duró siete meses y 13 días. Pero fue una campaña a todo vapor. A la ofensiva. Unida a las luchas sociales. Con  el activo rol jugado por los cerca de 15 mil Comités de base de la Unidad Popular, los CUP. Estos, además de las tareas propiamente electorales –divulgación del Programa, propaganda, búsqueda de adhesiones, organización de mítines, etc.-  tomaron los problemas concretos de la gente del sector en que actuaban, hicieron conciencia sobre ellos e impulsaron la lucha por sus soluciones.

Fue una campaña realizada al calor de los agudos combates de los trabajadores por sus reivindicaciones. Se utilizó, además, la huelga como arma política. Por ejemplo, el 19 de marzo de 1970, paralizó totalmente la zona del carbón en repudio a la visita que a ella efectuó el candidato Alessandri.

Es hora que nos pongamos las pilas y demos a la campaña presidencial, parlamentaria y de Core la importancia que tiene.

Peor es nada

Espero “El Siglo” con alguna esperanza. Ninguna frase sobre el 4 de septiembre de 1970. Sólo en la contraportada, dedicada al 77 aniversario de El Siglo, una portada del 5 de septiembre de 1970 donde se lee: “Allende Presidente de Chile. El pueblo celebró el triunfo en las calles”. Una foto de la multitud y un recuadro de Salvador Allende. Peor es nada. Pero es muy poco.

Temuco

Miro hacia el Sur. Con emoción evoco el ejemplo de los comunistas de la Araucanía, que el viernes 25 de agosto de 2017 realizaron un acto en Temuco, un acto recordando el significado de la victoria del 4 de septiembre de 1970.

A cuarenta años del Pleno de agosto de 1977 (III)

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Salvador Allende símbolo de la Unidad Popular

En el Informe entregado por Luis Corvalán, Secretario General del Partido Comunista, al Pleno de agosto de 1977, se dice:
“Finalmente, para cerrar este capítulo queremos referirnos a la figura del Presidente Allende, que encabezó este proceso y que ocupará en la historia un sitial preeminente por la magnitud de su obra y su lealtad.

Las relaciones de Allende con el Partido Comunista

En relación a la orientación del Gobierno de la Unidad Popular, se suele identificar la política del Partido Comunista con la política de Salvador Allende. Nuestro Partido consideró, desde el comienzo hasta el fin, un asunto esencial de su política la necesidad de afirmar el Gobierno del compañero Allende. Con él tuvimos siempre buenas relaciones, basadas en la amistad, la franqueza y el respeto mutuo. Pero, como es comprensible y natural, no teníamos las mismas concepciones, no siempre coincidíamos en todo. Disentimos, por ejemplo, de su criterio de que nuestra vía revolucionaria conformaría un segundo modelo de realización del socialismo que excluiría o haría innecesaria la dictadura del proletariado en un período de transición determinado. Se lo dijimos. De su lado, él nos expresó sus opiniones discrepantes cada vez que lo consideró necesario. Sin embargo, lo cierto es que, al margen de estas y otras diferencias, hubo una gran coincidencia en la línea gruesa, en cuanto al carácter de la Revolución, a sus etapas, a la política de alianzas, a la combinación de la presión de masas desde abajo con la actividad del Gobierno desde arriba para llevar adelante los cambios revolucionarios, a la aplicación irrestricta del programa.

Fue un revolucionario

La ultraizquierda acusó muchas veces a Allende de reformista. Nosotros dijimos alguna vez, que en el Gobierno había rasgos reformistas. Pero esto no era lo que caracterizaba al Gobierno. Era un Gobierno revolucionario y lo era también gracias a su personal contribución.
Por el conocimiento que de él tuvimos podemos decir que los actos de su vida estaban inspirados por un amor muy grande por su pueblo, nuestro pueblo. Su deseo de que los humildes, los desamparados, los humillados pudieran llevar una vida digna, guió su actividad política. Todo esto y, por qué no decirlo, su sentido de la historia y de su papel en ella, eran sentimientos tan fuertes que le daban capacidad para pasar por encima de cualquiera concepción idealista a la que hubiese adherido, y lo decidían llevar la Revolución hasta el fin.
Salvador Allende no tenía una formación marxista-leninista acabada. Pero era un hombre dispuesto a la lucha sin concesiones para que la clase obrera y el pueblo alcanzaran posiciones de Poder. En él pesaba fuertemente una espina del pueblo de Chile: las traiciones de que había sido objeto aquél por demagogos burgueses, las frustraciones que había experimentado tantas veces. No vacilaba para enfrentar con coraje a los enemigos. Lo que hizo y lo que no hizo estuvo ante todo determinado por el afán de dirigir los acontecimientos con miras al acceso del pueblo al Poder. En las últimas semanas cuando la subversión reaccionaria ponía en jaque al Gobierno y la insolencia de ‘El Mercurio’ llegaba a extremos inauditos, él sentía, por una parte, el deseo de aplastarla y, de otro lado, la impotencia en que ya se encontraba su Gobierno, por el deterioro de la correlación de fuerzas. Pero en esos momentos lo escuchamos exigir consecuencia a aquellos críticos de su Gobierno, a los que lo habían calificado más de una vez de reformista, diciéndoles: ‘Yo no puedo, no estoy en condiciones de hacer nada contra ‘El Mercurio’, pero háganlo ustedes’. Esto demuestra que en él primaban sus propósitos revolucionario, su gran propósito de hacer la Revolución, por encima de las concepciones de tolerancia, a las que nunca se atiene la burguesía, pero que habían formado parte de su ideario.

Luchador por la paz

Salvador Allende fue un consecuente luchador por la paz mundial, amigo del campo socialista, principalmente de la Unión Soviética, de Cuba, de Viet-Nam y de la República Democrática Alemana.
Fue un campeón de la unidad socialista-comunista, de la unidad de la clase obrera y de la unidad del pueblo y fue un gran educador de las masas populares, en las ideas de la transformación social.

Educador de masas

Durante un cuarto de siglo, por lo menos, con lenguaje sencillo, sembró las semillas de los grandes cambios que necesitaba el país, como la nacionalización del cobre y la reforma agraria. No fue el único. Y los partidos, ante todo el nuestro, hicimos en este sentido lo que era de nuestro deber. Pero, considerado como personaje histórico, nadie, después de Recabarren, ha sido un tan grande educador social.

Consecuente hasta la muerte

Su último servicio a Revolución fue su holocausto. Le ofrecieron salvar su vida, pero no aceptó tratos con los fascistas, ni siquiera para eso. Su sangre estigmatizó para siempre a los traidores.
Tenemos en alta estima, sentimos un gran orgullo de haber marchado por largos años en un acuerdo tan estrecho con él, en aras de asegurar el éxito del proceso revolucionario, del esfuerzo por conseguir su culminación victoriosa y lo estimamos como un gran símbolo de la unidad socialista-comunista y de la Unidad Popular. (Luis Corvalán: Informe al Pleno de agosto de 1977. Ediciones Colo-Colo. 1978, páginas 40, 41 y 42. Los subtítulos son nuestros)

¡DIGNO Y JUSTO HOMENAJE AL COMPAÑERO PRESIDENTE AL CUMPLIRSE 47 AÑOS DEL TRIUNFO POPULAR DEL 4 DE SEPTIEMBRE DE 1970!

Parte I de este artículo.

Parte II de este artículo.