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Chile celebró los 100 años de la Revolución Socialista de Octubre

Con gran presencia de público, pleno de emociones y combatividad, dirigido por el compañero Alfonso Murúa, el martes 7 de noviembre de 2017, en el salón Camilo Guzmán Sandoval del ICHIL, se llevó a cabo el acto del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER, en homenaje a los Cien años de la Revolución Socialista de Octubre de 1917.

Lo inició el Coro Rojo con dos hermosas y aplaudidas interpretaciones.

El presidente del CEILER, Max Berrú, en emotivas palabras saludó a los asistentes y subrayó la especial importancia que tiene para el Centro la Revolución llevada a cabo por los obreros, soldados y campesinos hace justamente un siglo atrás.

A continuación se entregó una visión histórica preparada por el historiador Iván Ljubetic Vargas, leída por el autor y la Secretaria Ejecutiva del CEILER, Carlota Espina.

Saludaron, con vibrantes palabras, Rosaura Campusano, presidenta de la Asociación de Egresados de los Países Socialistas, y José Santos, presidente de la Confederación Nacional de Trabajadores de la Construcción y Consejero Nacional de la CUT.

Eduardo Conteras, abogado y miembro del Comité Central del Partido Comunista de Chile, se refirió en una interesante intervención a la importancia de la Revolución Socialista de Octubre y la unió con los acontecimientos actuales.

El Himno de los trabajadores del mundo fue cantada por el numeroso público presente. No pocos levantaron su puño en homenajes a los combatientes de hace cien años. Se brindó con vodka por ellos.

La hermosa actividad finalizó con un refrigerio, en medio de un ambiente de sana convivencia y confraternidad.

 

El primer sputnik surca el cielo de Nueva Imperial

El viernes 4 de octubre de 1957, me encontraba haciendo clases en el Quinto Humanidades del Liceo de Nueva Imperial. Era la primera hora de la tarde. Golpearon la puerta de la sala. Se abrió y entró Herman Pérez, profesor de Matemáticas y Física, militante socialista. Sin saludarme, me dijo emocionado:

– Recién informó la radio que la Unión Soviética lanzó hoy exitosamente un satélite artificial… Juntémonos hoy a las 20, frente al liceo para verlo pasar. Los alumnos aplaudieron. Los más felices eran los siete militantes de la Jota de ese curso.

El resto de la tarde se desarrolló bajo el impacto de la noticia, que en minutos fue conocida en todo el establecimiento. Comentarios, preguntas, opiniones sobre el histórico acontecimiento.
Esa noche, no sólo nosotros dos con el colega Pérez, estábamos frente al liceo. Éramos varias decenas de personas: profesores, alumnos, vecinos.

Habían venido todos los militantes del Partido y de la Jota.
Eran las 20 horas y el cielo estaba raramente muy despejado. Brillaban las estrellas. El colega Pérez explicaba algunos detalles técnicos.

Esperábamos expectantes: queríamos contemplar con nuestros propios ojos el primer artefacto enviado por el hombre al espacio.
Un alumno de sexto humanidades fue el primero en verlo:

– ¡Ahí va, ahí va!, exclamó jubiloso Es como una estrella que se mueve lentamente.

Estalló entonces el grito colectivo: ¡Ahí va!, ¡Ahí va! Y también los aplausos y los vivas al sputnik y a la Unión Soviética. Rompimos la campesina calma de esa noche imperialina. Pisoteamos la Ley Maldita.

Seguimos con la mirada el majestuoso caminar del viajero espacial por el firmamento del sur de Chile.

Vi lágrimas en los ojos de viejos camaradas, en los del carpintero Samuel Salas y en los del zapatero remendón Heriberto Muñoz. Estaban felices y emocionados.

La velada del lunes 7 de octubre de 1957 fue inolvidable. Hubo canciones dedicada a la Unión Soviética. El coro hablado fue preparado con versos de Neruda que hablaban del primer país socialista de la historia.

Mi charla versó sobre el mismo tema. El colega Hernán Pérez entregó antecedentes sobre el primer satélite artificial de la tierra:

– Es una esfera muy pulida de aluminio, de 58 centímetro de diámetro y 83 kilos de peso. Tiene dos pares de antenas de 2,4 y 2,9 metros. Fue este pequeño artefacto –concluyó Herman Pérez- el que ha abierto el camino hacia las estrellas.

Lo más notable de esa velada del 7 de octubre de 1957, fue el número de fondo. Cerca de las 22 horas, las decenas de personas que repletábamos el salón del Centro Pablo Neruda, salimos a la calle para observar, una vez más, el paso victorioso del primer sputnik soviético por el cielo de Nueva Imperial.