Archivos de etiquetas: marxismo

El germen genial de la nueva teoría

De la concepción materialista dialéctica de la historia, el marxismo.

David Mc Conell

 

Karl Marx

En 1845 Marx escribe las “Tesis sobre Feuerbach”, once notas resumidas en dos páginas. Engels, 41 años después, las califica de “germen genial de la nueva concepción del mundo”, en la nota preliminar de su libro “Ludwig Feurbach y el fin de la filosofía clásica alemana”. (1) Las notas servirían a Marx de borradores para el libro “La ideología alemana”, escrito con su amigo de toda la vida Federico Engels entre Noviembre de 1845 y Agosto de 1846, en Bruselas, y realizado para liquidar cuentas “con nuestra conciencia filosófica anterior”, según las propias palabras de Marx en el “Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política”.(2) En el libro, exponen Marx y Engels por primera vez la concepción materialista de la historia, base filosófica del comunismo científico.

Poco antes, a los 23 años, en 1841, Marx había escrito su tesis doctoral “Diferencias entre la filosofía de Demócrito y la filosofía natural de Epicuro” conservando todavía el punto de vista de Hegel en el sentido que la fuerza propulsora de la historia de la humanidad es el desarrollo de la autoconciencia del hombre.

A fines de agosto de 1844 se ponen de acuerdo Marx y Engels en Paris para escribir una crítica a las opiniones de Bruno Bauer (B. Bauer Pertenecía a los “hegelianos de izquierda”) y se plasma en el libro “La sagrada familia”, apareciendo en febrero de 1845. La finalidad de la obra fue expuesta por sus autores en el prólogo “-La Literatur Zeitung- nos brinda un material a la luz del cual es posible hacer ver incluso al gran público las ilusiones de la filosofía especulativa”. (3) En ambas obras critican la filosofía de Hegel y a sus seguidores los jóvenes hegelianos y ponen de manifiesto no solo las limitaciones burguesas de Hegel sino también las de Kant al hacer interpretaciones idealistas de la historia. Reconocen en ellos a la vez la gran contribución en la elaboración del método dialéctico. A Feuerbach, quien también había sido hegeliano en sus inicios y luego materialista en el modo de concebir la naturaleza, le critican su idealismo al concebir la sociedad y por considerar al hombre solo como un ser fisiológico, biológico, no como un ser social, activo.

La ideología Alemana y La Sagrada Familia son obras importantísimas en el desarrollo de la nueva concepción del mundo del Materialismo Histórico si bien es cierto con fuerte influencia de Feuerbach al caracterizar las relaciones capitalistas como deformación de la naturaleza humana.

En 1847 se constituye la Liga de los comunistas y Marx y Engels redactan su Programa en enero de 1848, conocido como “Manifiesto del Partido Comunista” y la consigna “Proletarios de todos los países, uníos” se transforma en consigna del proletariado mundial. Gigantesca obra de solo 30 páginas en donde se expone… “con una claridad y brillantes geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente, aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la sociedad comunista”. (4)
Las obras mencionadas y las Tesis son fundamentales en la nueva concepción de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, concepción que Marx y Engels denominarían “Concepción materialista de la historia”. (5) Importante es recordar que tanto Marx como Engels habían llegado ya en 1844 a conclusiones parecidas con respecto al movimiento político de la clase obrera en el sentido que la situación económica en que se encuentran obliga a los obreros a la lucha por su emancipación definitiva.

Tesis sobre Feuerbach

En la nota preliminar de “Ludwig Feuerbach” escrita en 1888 Engels escribe: “en ciertos aspectos (La filosofía de Feuerbach) representa un eslabón intermedio entre la filosofía hegeliana y nuestra concepción,” y continúa … “antes de mandar estas líneas a la imprenta, he vuelto a buscar y repasar el viejo manuscrito de 1845-46. La parte dedicada a Feuerbach no esta terminada. La parte acabada se reduce a una exposición de la concepción materialista de la historia, que solo demuestra cuan incompletos eran todavía por aquel entonces, nuestros conocimientos de historia económica. En el manuscrito no figura la crítica de la doctrina feuerbachiana; no servía, pues, para el objeto deseado. En cambio, he encontrado en un viejo cuaderno de Marx las once tesis sobre Feuerbach” … “Tratase de notas tomadas para desarrollar más tarde, notas escritas a vuelapluma y no destinadas en modo alguno a la publicación, pero de un valor inapreciable, por ser el primer documento en que se contiene el germen genial de la nueva concepción del mundo”. (6)

¿A que se refiere Engels con el germen genial de esta nueva concepción, expresada en las notas “escritas a vuelapluma”?
En la primera tesis de 15 líneas, la más larga de todas, Marx expone su reclamo en contra de todo el materialismo anterior… “que solo concibe las cosas, la realidad, la sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo subjetivo” y recuerda que el lado activo lo desarrolla el idealismo, pero de un modo abstracto porque “no conoce la actividad real, sensorial, como tal”. (7) Marx entonces está rechazando un tipo de filosofía contemplativa instalada en las nubes y a un tipo de filósofos que no ven y hasta rechazan la práctica humana como transformadora de la realidad.

En la tesis 1 es donde se percibe claramente el nuevo aporte teórico hecho por Marx, permitiendo superar a todo el materialismo e idealismo anterior, por primera vez se establece la importancia de la actividad sensorial humana, la práctica humana, la subjetividad práctica. Hasta ese momento se había tenido en cuenta la subjetividad teórica, la subjetividad cognoscitiva abstracta, pero no se había tenido en cuenta la subjetividad práctica que es también parte de la realidad objetiva.

En estricto rigor Marx se había referido a la “sensoriedad” en los “Manuscritos Económicos y filosóficos de 1844”, o sea con anterioridad a las tesis sobre Feuerbach, al poner de relieve las limitaciones de la filosofía de Hegel en particular en su “Crítica de la Dialéctica hegeliana y de su filosofía en general”.

La actividad humana es actividad subjetiva, subjetividad práctica del sujeto, es el sujeto (hombre dotado de conciencia y voluntad que obra y conoce activamente) por tanto con su actividad, con su práctica, el que influye sobre la realidad objetiva modificándola y acelerando o retardando el propio desarrollo objetivo. La palabra práctica viene del griego y significa ejecutar, cumplir, obrar.

La actividad que realiza el hombre sobre el objeto (lo dado en el conocimiento o aquello hacia lo que esta orientado la actividad cognoscitiva del sujeto) puede ser captada por los sentidos, pero no son los sentidos los que realizan dicha actividad.
La actividad práctica subjetiva es todo lo que los hombres hacen objetivamente para asegurar la existencia y el desarrollo de la sociedad. El hombre actúa con todos sus medios, con instrumentos naturales y artificiales en los fenómenos, en las cosas y en general en la naturaleza y en la sociedad, y al hacerlo transforma la naturaleza, la sociedad y a él mismo. Marx lo dice de la siguiente manera en sus tesis 3; “La teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado” (8).

Los hombres por tanto han sido formados por la práctica y todas sus facultades, incluido el pensamiento, surgen como sujeto de la historia y de la sociedad. Pero, aunque el hombre es una fuerza activa en la relación del sujeto con el objeto, está limitado por el propio objeto, por el conocimiento de dicho objeto. Para superar esos límites se hace necesario conocer las leyes que rigen el objeto y hacer concordar con él la actividad práctica del conocimiento, puesto que los objetivos del sujeto se forman de acuerdo con el desarrollo lógico del mundo exterior, condicionado por las necesidades del propio sujeto en sociedad y de acuerdo al grado desarrollo de esa sociedad.

Los materialistas anteriores a Marx sabían que el pensamiento, la conciencia, surgió como un proceso natural y al final de cuentas estaba explicado su origen por causas biológicas. Marx demostró que sólo se puede comprender la esencia del pensamiento, de la conciencia, si se tiene en cuenta su carácter social. Evidentemente sin la base biológica, el cerebro no funciona, pero solo se origina y se desarrolla en sociedad. Fuera de la sociedad no hay pensamiento humano. En relaciones con otros hombres el hombre adquiere conciencia y en la actividad laboral productiva conoce y refleja la naturaleza. Desde la infancia se forma la conciencia en base a palabras y con ellas se expresan ideas. Sólo revestido de palabras el pensamiento se hace real. El lenguaje es la realidad directa del pensamiento. El pensamiento no existe de otro modo que en la envoltura material de la palabra. No se puede separar el pensamiento del lenguaje. Pensamiento y lenguaje conforman una unidad.

El pensamiento, para que surja y funcione hacen falta no solo la base natural biológica, el cerebro y el sistema nervioso, sino fundamentalmente las condiciones sociales. La conciencia humana tiene carácter social y existirá hasta que existan hombres en sociedad.

La práctica abarca todas las formas materiales de la actividad humana en el proceso de la cual se crea la cultura material y espiritual del hombre. En la práctica ligada a la producción de medios de subsistencia, el trabajo, es la primera condición de vida de los hombres. El trabajo… “Es la condición básica y fundamental de toda la vida humana. Y lo es en tal grado que, hasta cierto punto, debemos decir que el trabajo ha creado al propio hombre”. (9)

“Práctica”, es también la lucha revolucionaria de la clase obrera y de todas las clases oprimidas bajo el capitalismo por mejorar las condiciones de vida y crear las condiciones para la construcción de una sociedad sin explotación del hombre por el hombre.

Marx reconoce en Feuerbach el mérito de haber establecido la primacía de la realidad material por sobre cualquier otra consideración y en la disputa de si está primero la materia o la conciencia, haber establecido la primacía de la materia. Marx hace suya la idea de Feuerbach de concebir la realidad bajo la forma de las relaciones del hombre con la naturaleza y con los otros hombres. Pero para Feuerbach la realidad era objeto de contemplación y no de acción y de esa forma dejaba fuera en sus consideraciones el desarrollo económico y social y por tanto la dialéctica de la propia historia, puesto que es el desarrollo de la producción (Marx utiliza con frecuencia en sus primeros escritos el término industria para referirse a la producción) el que determina en última instancia el desarrollo de la sociedad y a su vez dicho desarrollo el curso de la historia.
Marx le critica a Feuerbach en la tesis 5 que… “no contento con el pensamiento abstracto, apela a la contemplación sensorial; pero no concibe la sensoriedad como una actividad sensorial humana práctica”. (10)

Para Feuerbach el hombre era un ser abstracto, un individuo puramente biológico, el carácter contemplativo de su filosofía se percibe en la tendencia al antropologismo o sea explicar todas las características y peculiaridades del hombre como producto supremo de la naturaleza. No alcanza a comprender que es el mismo hombre el que crea su segunda naturaleza, la social, la cultura, la civilización. Al margen de la sociedad no existe el hombre.

El materialismo premarxista no podía resolver correctamente la correlación entre sujeto y objeto porque el sujeto era concebido como algo pasivo cuyas facultades se transformaban a partir de su propia naturaleza, de su origen natural, mientras que para Marx la esencia del hombre había que buscarla en el “conjunto de las relaciones sociales” … (11) materiales e ideológicas, siendo las relaciones de producción las más importantes.

Observando el mundo en el que estamos inmersos nos damos cuenta de la actividad práctica de quienes nos antecedieron, de lo que nos dejaron en herencia, no partimos de cero. Desde la diferenciación del hombre con el resto de los animales, el hombre debió trabajar para conseguir sus medios de vida, en ese proceso se enfrentó y fue conociendo la naturaleza. Todo ese conocimiento y logros materiales es el que hemos heredado.

“La vida social es, en esencia, práctica” dice Marx en la tesis 8, y agrega “Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esta práctica”. (12)

La actividad cognoscitiva, también subjetiva, es antecedida por la actividad práctica subjetiva, la actividad práctica por tanto tiene primacía. Cuando se dice que la subjetividad práctica es parte de la realidad objetiva y que la modifica, significa también que puede ser captada por los sentidos, pero la modificación realizada en la realidad objetiva como más arriba dijimos no es una actividad de los propios sentidos.
Al insistir Marx en el desarrollo del lado activo que no esta en los sentidos sino en lo que ellos captan, no esta en contra de la actividad teórica en general sino en contra de una forma teórica abstracta desligada de la realidad.

Marx reconoce a la teoría como elemento necesario de la práctica y establece la prioridad de la realidad objetiva, sin ella no hay subjetividad como reflexión de esa realidad.

En la relación objetividad-subjetividad, la subjetividad aparece como actividad creadora del sujeto dirigida siempre al objeto, al conocimiento del mundo real eternamente en movimiento y desarrollo. Puesto que el conocimiento, cuando el conocimiento coincide con el objeto, cuando lo reproduce, aparece como conjunto de formas subjetivas o de imágenes subjetivas del mundo objetivo por parte del sujeto, se hace necesario analizar el vínculo entre lo subjetivo y objetivo o la dialéctica de lo objetivo y subjetivo en el concepto de verdad objetiva.

Las verdades corroboradas por la práctica histórica son verdades objetivas por tanto no dependen del sujeto y no significa que dicha verdad no pueda seguir desarrollándose. En ese sentido conserva el significado determinante, independiente de la diversidad de formas en que se exprese.

El hombre alcanza la verdad cuando en las formas del conocimiento por él creadas refleja el verdadero contenido de los objetos y fenómenos del mundo objetivo. Sólo en este caso las formas subjetivas se convierten en la expresión del contenido objetivo de la realidad objetiva independiente del sujeto en su existencia. Cuando se dice: independiente del sujeto, se refiere a los conocimientos ya logrados con anterioridad, en este sentido no dependen del hombre. Por un lado, los conocimientos son creados
por el hombre y por otro lado existen independientemente del hombre, estos dos rasgos de la verdad objetiva corroborados por la práctica son inseparables.
Al respecto Marx expresa lo siguiente en su tesis 2: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico” (13).

La práctica constituye la base objetiva del conocimiento y es a su vez lo bastante movible, indeterminada y mutable para no permitir que el conocimiento deje de desarrollarse, pero también es lo bastante determinada como para poder separar los conocimientos correctos de los incorrectos. Las acciones de los hombres repetidas varias veces y hasta centenares de veces, conducen a resultados más o menos idénticos y eso lo sabe cualquier persona.

Engels recuerda los argumentos de Hegel al referirse a las extravagancias de algunos filósofos que niegan la posibilidad de conocer el mundo como Hume y Kant y expone… “La refutación más contundente de estas extravagancias, como todas las extravagancias filosóficas, es la práctica, o sea, el experimento y la industria”. (14)
La idea de “práctica” como criterio de la verdad la había tomado Marx de Hegel, lo repite Lenin en “Cuadernos filosóficos” al comentar el libro “Ciencia de la Lógica” de Hegel… “sin duda, en Hegel la práctica sirve como eslabón en el análisis del proceso del conocimiento y por cierto que como transición hacia la verdad objetiva (“absoluta”, según Hegel)” y Lenin recomienda: “véase las Tesis sobre Feuerbach”. (15)

Nada hay de absoluto en todas las afirmaciones anteriores y en “Materialismo y Empirocriticismo” Lenin aporta una explicación aclaratoria contundente, la cita es larga pero bien vale la pena releer una y mil veces: “Naturalmente no hay que olvidar aquí que el criterio de la práctica no puede nunca, en el fondo, confirmar o refutar completamente, una representación humana, cualquiera que sea. Este criterio también es lo bastante “impreciso” para impedir que los conocimientos del hombre se conviertan en algo “absoluto”; al mismo tiempo, es lo bastante preciso para sostener una lucha implacable contra todas las variedades de idealismo y agnosticismo. Si lo que confirma nuestra práctica es la verdad única, última y objetiva, de ello se desprende el reconocimiento de que el único camino conducente a esta verdad es el camino, que se mantiene en el punto de vista materialista”. (16)

La subjetividad de la verdad científica es la expresión de la actividad creadora del hombre, del sujeto, que no se puede desligar de cualquiera proposición verdadera, de cualquier idea, pensamiento, concepto o categoría que refleje la realidad correctamente, científicamente.

La relación objetividad-subjetividad tiene un carácter histórico concreto, o sea depende de circunstancias referidas a un período determinado de la historia.
Marx exige al materialismo y en especial al de Feuerbach, con el que junto a Engels se sintieron interpretados en sus comienzos, tener en cuenta el lado activo, la actividad práctica humana, tener en cuenta al sujeto práctico, la subjetividad práctica que es diferente a la actividad teórica, a la actividad cognoscitiva, pero que se condicionan mutuamente.

Marx no reduce todo a una forma de práctica, solo hace la diferenciación entre la “actividad humana sensible”, práctica transformadora, de la actividad teórica contemplativa. La actividad humana puede ser comprobada empíricamente en la experiencia sensible, práctica. Lo conocido y expresado en pensamientos, ideas, conceptos, categorías (actividad cognoscitiva) son el reflejo del mundo material en imágenes subjetivas. Con ayuda de las imágenes subjetivas (de lo ideal) el hombre en sociedad puede reflejar la esencia de las cosas reales. Las imágenes subjetivas naturalmente no pueden ser separadas de la práctica humana, de la subjetividad práctica que tiene primacía sobre las imágenes subjetivas. Pero son las imágenes subjetivas las que permiten al hombre en sociedad conocer la esencia de las cosas y a través de la práctica confirmar si las imágenes subjetivas corresponden o no a la realidad, a los fenómenos, a las cosas, a los hechos, a la materia.

El conocimiento es un tipo de actividad de los hombres en sociedad y corresponde a su actividad teórica, pero la teoría por sí sola no esta en condiciones de transformar la realidad, cosa que la distingue de la práctica.

La práctica se transforma en objeto del conocimiento y no es solo su base, puesto que el hombre al conocer el mundo en que se desenvuelve conoce de las leyes de su desarrollo y ese conocimiento lo pone a disposición del mejoramiento de su propia práctica. La práctica plantea a su vez problemas a la teoría, al conocimiento y exige su solución.

La práctica subjetiva es más amplia que el trabajo o la producción material y al recordarlo no se pone en segundo lugar el trabajo o la producción material, ni se le subestima pues el trabajo y la producción material son el fundamento, la base de todo desarrollo. De igual manera en la relación teoría-práctica, la práctica tiene primacía por sobre la teoría o sea somos primero sujetos prácticos y después somos sujetos teóricos.

“En un principio era la acción”. (17) y no el verbo, dice Goethe por boca de Fausto.
En la tesis ocho Marx escribe: “La vida social es, en esencia, práctica. Todos los misterios que descarrían la teoría hacia el misticismo, encuentran su solución racional en la práctica humana y en la comprensión de esa práctica”. (18)
Un alcance necesario en la relación teoría-práctica es el de no separar mecánicamente la teoría de la práctica, error cometido por muchos teóricos al leer superficialmente la 11 Tesis de Marx: “Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. (19), pues al confrontar Marx el término “interpretar” con “transformar” está planteando más bien una nueva concepción de la relación entre filosofía y práctica, entre teoría y práctica.
En la tesis 11 Marx tampoco niega los esfuerzos de muchos filósofos en la historia por cambiar la realidad, pero lo nuevo en su filosofía es que encuentra su fundamento en la actividad práctica humana y su capacidad de transformar la realidad. De allí la denominación de filosofía de la práctica o de la praxis (Palabra griega) para denominar la filosofía del marxismo. Marx no desecha las interpretaciones solo confirma que la filosofía es insuficiente como guía de la actividad práctica humana. Tampoco Marx hace apología de la práctica por la práctica de la que se consideraba un crítico, lo que hace es una correcta fusión de teoría y práctica. Se debe distinguir entre teoría y práctica, pero al mismo tiempo, teoría y práctica son inseparables entre sí.

La teoría cuando es científica o sea cuando refleja correctamente el objeto y generaliza la práctica, contribuye a su vez al propio desarrollo de la práctica. Se produce una fusión entre teoría y práctica. “La teoría solo se realiza en un pueblo en la medida en que ella misma es la realización de las necesidades de ese pueblo”, escribe Marx en su “Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel” y a su vez en la misma introducción Marx agrega: “No basta con que el pensamiento impulse (acucie, desee, anhele, vaya, apresure) hacia la realización; la misma realidad debe acercarse al pensamiento”. (20). En ese sentido debe comprenderse la frase de Lenin “sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario” (práctica revolucionaria), (21) en el sentido que el conocimiento, la teoría, puede adelantarse a la práctica de un periodo histórico determinado, pero, y este pero es importantísimo, puede adelantarse solo en el sentido de mostrar las tendencias generales del posible desarrollo que nuevamente irá siendo transformado, cambiado, moldeado, por la propia práctica. O sea, la teoría no se adelanta de manera profética, no profetiza nada.

El término “práctica revolucionaria” lo utiliza Marx en su tercera tesis: “La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana solo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria”. (22)
La teoría puede realizarse en la vida, en la realidad, sólo cuando ella misma sea la realización de la realidad. El marxismo como teoría por tanto no inventa ideales sociales, sino que descubre, investigando en la realidad misma, las tendencias en su propio desarrollo.

Con otras palabras, sin teoría revolucionaria puede haber cualquier tipo de práctica menos una práctica que favorezca el desarrollo social, y genere las condiciones para la liberación definitiva de la clase obrera y todas las clases explotadas por la oligarquía financiera, en las condiciones del capitalismo.

La teoría sin práctica no tiene objeto y la práctica sin teoría es ciega.
“La teoría se convierte en poder material tan pronto como se apodera de las masas”. (23)

La concepción marxista de los procesos sociales, del movimiento y desarrollo de la sociedad, se expresa en la idea de que es el propio hombre quien hace su historia y que las leyes que rigen la sociedad, las fuerzas motrices que la determinan, se deben buscar en la práctica social, en el trabajo creador de millones de seres humanos, en la actividad creadora de las masas populares.

En 1844 Marx y Engels estudian la historia y las condiciones sociales de Inglaterra y Francia y llegan a la conclusión que es el proletariado la única clase que puede y debe asumir el rol dirigente en la transformación de la sociedad, solo le falta la conciencia de su misión, la ciencia y la filosofía. Esta idea expuesta en varios artículos la desarrollan Marx y Engels ya en 1844 en el libro “La Sagrada Familia” (Apareció en febrero de 1845) escrito conjuntamente. Al referirse a la necesidad de que el proletariado se libere porque se condensan en él todas las condiciones de la sociedad actual agudizadas del modo más inhumano, concluyen que no podrá liberarse a si mismo sin abolir sus propias condiciones de vida… “Su meta y su acción histórica se hallan clara e irrevocablemente predeterminadas por su propia situación de vida y por toda la organización de la sociedad burguesa actual”. (24)

En el libro de Engels “Ludwig Feuerbach” citado al inicio de este artículo y a propósito de lo que Marx y Engels entienden por sistema filosófico escribe: “El sistema es, cabalmente, lo efímero en todos los filósofos, y lo es precisamente porque brota de una necesidad imperecedera del espíritu humano: de superar todas las contradicciones. Pero superadas todas las contradicciones de una vez y para siempre, hemos llegado a la llamada verdad absoluta, la historia del mundo se ha terminado, y sin embargo, tiene que seguir existiendo, aunque ya no tenga nada que hacer, lo que representa, como se ve, una nueva e insoluble contradicción”. (25)

Había necesidad por tanto de oponer a la vieja filosofía, a todos los “sistemas filosóficos”, la filosofía dialéctica que no impone a la naturaleza y a la historia ideas inventadas o artificiosas y subjetivas, si no que descubre en las concatenaciones reales, materiales, entre las cosas, las leyes que rigen el movimiento de los fenómenos mismos, leyes que son tendenciales. La filosofía materialista-dialéctica ya no necesita de una filosofía superior a las demás ciencias y Engels lo explica en su libro Anti Dhüring: “Desde el momento en que cada ciencia tiene que poner en claro la posición que ocupa en la concatenación universal de las cosas y en el conocimiento de éstas, no hay ya margen para una ciencia especialmente consagrada a estudiar las concatenaciones universales. Todo lo que queda en pie de la anterior filosofía, con existencia propia es la teoría del pensar y de sus leyes: la lógica formal y la dialéctica. Lo demás se disuelve en la ciencia positiva de la naturaleza y de la historia” (26) de esta manera la filosofía tendrá por objeto ahora como ciencia, el pensamiento humano y el método de pensar; y en un sentido más amplio, la dialéctica como método universal de investigación.

La filosofía que criticaban Marx y Engels era la filosofía que se oponía a las ciencias positivas, a las ciencias particulares de la naturaleza y de la sociedad y que extraía sus conclusiones de la “razón” y no de los datos de las investigaciones científicas de las ciencias particulares. Ahora aparecía una filosofía que no se consideraba ella como una ciencia “absoluta” que pretende resolver todos los enigmas, sino que, como cualquier otro conocimiento de la realidad, se desarrolla y nunca llega a un punto o verdad definitiva. La nueva concepción no es una “ciencia de las ciencias” que se contrapone a las ciencias concretas que estudian formas determinadas del movimiento de la materia. La nueva concepción filosófica, se propone estudiar las leyes comunes a todas las formas del movimiento de la materia. La nueva filosofía no puede estar apartada de la vida, de la vida social y de los oprimidos, de los trabajadores y Marx lo expone de la siguiente forma: “Así como la filosofía encuentra en el proletariado sus armas materiales, el proletariado encuentra en la filosofía sus armas espirituales” (27)
Lo más importante de la filosofía creada y elaborada por Marx y Engels se refiere al valor metodológico de la nueva concepción materialista de la historia. El método deberá ser medio de cognición y de reproducción en la mente del objeto estudiado.
La nueva filosofía dará importancia a la forma de abordar los problemas, dará importancia a los procedimientos para el descubrimiento de los fenómenos.
En una carta a Werner Sombart, Engels le escribe: “Pero toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación” (28)

Al definir la dialéctica como método universal de conocimiento de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento se debe recordar que los procesos de la naturaleza, la sociedad y el pensamiento discurren dialécticamente o sea se rigen por las leyes de la dialéctica, podemos concluir por tanto que la dialéctica subjetiva (pensamiento dialéctico) es posible por la dialéctica objetiva de la propia naturaleza. Debemos recordar que sería incorrecto considerar la dialéctica sólo como método y el materialismo sólo como teoría, pues el método no sólo es dialéctico sino también materialista y la teoría es no sólo materialista sino también dialéctica.

Desde los inicios del marxismo como teoría se han dicho y escrito muchas tonterías en su nombre y en la actualidad no dejan de escribirse. Al respecto Yuri Plejanov lo recuerda en su libro “Las cuestiones fundamentales del marxismo” citando a Miguel Ángel quien decía de si mismo: “mis conocimientos engendrarán gran número de ignorantes”. Esta predicción se ha cumplido, desgraciadamente, en cuanto se refiere al marxismo. Son las concepciones de Marx las que en la actualidad engendran tantos ignorantes. La culpa no es evidentemente de Marx sino de aquellos mismos que dicen tantas tonterías en su nombre. Para evitarlo es necesario comprender el valor metodológico del materialismo histórico”. (29)

El desprecio por la filosofía marxista es capitulación ideológica y la capitulación ideológica es el comienzo de la capitulación política.

Los aciertos en política dependen en un importantísimo porcentaje de la visión teórica, esto significa un correcto análisis de las necesidades objetivas de las condiciones sociales y de las experiencias de lucha de los trabajadores.

Al escribir acerca del “germen genial de la nueva teoría” nos hemos propuesto un solo objetivo: incentivar la lectura de los clásicos del marxismo. No pretendemos más. Si alguien solo memorizase las frases seleccionadas y las usare sin tener en cuenta las condiciones concretas de una investigación o discusión, significa que no ha comprendido nada del objetivo, menos del método de Marx.

Lenin quien fue implacable en contra del relativismo y el dogmatismo escribió: “El dogmatismo se aferra a las citas de los libros como eruditos que parecen tener un fichero de citas en la cabeza y las sacan a relucir cuando las necesitan; pero si se da una nueva situación, no descrita en los libros se desconciertan y sacan del fichero justamente la cita que no viene al caso” (30)

Lo expuesto ha sido posible por el “contacto amistoso y choque hostil” (31) de ideas con mis camaradas y amigos David Canales U. y Juan Cuenca B.

Bibliografía

1) F. Engels. “Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana”. Editorial Progreso. 1974. Pág. 6
2) C. Marx, F. Engels. Editorial Progreso. OE en 3 t. t 1, Pág. 519.
3) F.E, C.M. Prólogo a “La Sagrada familia”. Editorial Grijalva 1958, Pág. 73.
4) V. I. Lenin. OC, t 26. Editorial Progreso 1984. Pág. 48.
5) C. Marx, F. Engels. Editorial Progreso. OE en 3 t. t 1, Pág. 523.
6) F. Engels. “Ludwig Feuerbach… Pág. 6.
7) Obra citada. Pág. 54.
8) Obra citada. Pág. 55.
9) C. Marx, F. Engels. Editorial Progreso. OE en 3 t. t 3, Pág. 66
10) Obra citada. Pág. 55.
11) Obra citada. Pág. 56.
12) Obra citada. Pág. 56.
13) Obra citada. Pág. 54-55
14) F. Engels. “Ludwig Feuerbach… Pág. 19.
15) V. I. Lenin. “Cuadernos filosóficos”. Editorial Ayuso. 1974. Pág. 198.
16) V. I. “Lenin. Materialismo y Empiriocriticismo” Editorial Progreso. 1974. Pág. 144.
1974. Pág. 19.
17) W. Goethe. “Fausto”. Editorial Sopena. 1976. Pág.33.
18) F. Engels. “Ludwig Feuerbach… Pág.56.
19) obra citada, Pág. 57.
20) C. Marx. “En torno a la critica de la filosofía del derecho, de Hegel, y otros ensayos”. Editorial Grijalbo. 1958. Pág. 11.
21) V. I. Lenin. Editorial Progreso. OE en 3 t. t 1, Pág. 137.
22) F. Engels. “Ludwig Feuerbach…Pág. 55.
23) C. Marx, F. Engels. “La Sagrada Familia”. Editorial Grijalbo 1958. Pág. 10.
24) Obra citada. Pág. 102.
25) F. Engels. “Ludwig Feuerbach… Pág.12.
26) F. Engels “El Anti-Dühring. Editorial claridad 1939. Pág. 33.
27) C. Marx. “En torno a la critica de la filosofía del derecho, de Hegel, y otros ensayos”. Editorial Grijalbo. 1958. Pág. 15.
28) C. Marx, F. Engels. Editorial Progreso. OE en 3 t. t 1, Pág. 534.
29) Yuri Plejánov. Editorial Fontanera. Barcelona. Pág. 53.
30) V. I. Lenin OC, tomo IX. Pág. 441. Editorial Progreso 1984.
31) F. Engels. “Ludwig Feuerbach…Pág. 24

David Mc Conell.

A 147 años de la primera revolución proletaria de la historia

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

En julio de 1870, el emperador francés Napoleón III –llamado el pequeño sobrino del gran tío- intentando salvar su tambaleante imperio, declaró la guerra a Prusia. Las tropas imperiales fueron vergonzosamente derrotadas.

El 4 de septiembre de 1870, se produjo una insurrección popular, que fue aprovechada por la burguesía para formar un gobierno provisional. Este organizó la defensa contra los invasores prusianos. Pero sus tropas fueron también vencidas.

En febrero de 1871 se constituyó un gobierno reaccionario, encabezado por Adolfo Thiers, que reprimió al pueblo.  En ese mismo mes se organizó en París el Comité Central de la Guardia Nacional, que agrupó a los batallones de obreros y artesanos.

LA PRIMERA REVOLUCIÓN PROLETARIA DE LA HISTORIA

El gobierno de Thiers instaló su sede en Versalles. En marzo de 1871, envió tropas sobre París para desarmar a los batallones populares.

En el amanecer del 18 de marzo de 1871, soldados de Thiers llegaron a las colinas de Montmartre, al norte de París, con la intención de arrebatar los cañones allí emplazados por la Guardia Nacional. Al conocerse la noticia se hicieron presentes decenas de milicianos de los batallones obreros. Ante esta resistencia popular, los soldados de Thiers en vez de disparar, confraternizaron con los revolucionarios.

Al anochecer de ese 18 de marzo de 1871, todas las dependencias del Estado fueron ocupadas por destacamentos de la Guardia Nacional. Por todas partes de la capital francesa flameaban rojas banderas.

Se había llevado a cabo la primera revolución obrera de la historia. Era el 18 de marzo de 1871.

LA COMUNA DE PARÍS

El 26 de marzo tuvieron lugar las elecciones para designar los miembros del Consejo de la Comuna. Concurrieron a las urnas 300 mil ciudadanos.

El 28 de marzo de 1871 fue proclamada la Comuna de París. Por primera vez la clase obrera había conquistado el poder.
La plaza de la Municipalidad y las calles adyacentes estaban colmadas de público y de tropas de la Guardia Nacional. En el escenario, levantado al efecto, se ubicó el Comité Central de la Guardia Nacional y los miembros electos del Consejo de la Comuna.
Un dirigente proclamó la Comuna. Al nombrar a los miembros del Consejo, un grito ensordecedor se elevó desde el corazón mismo de París: ¡Viva la Comuna!

Luisa Michelle, una maestra de cuarenta años de edad, formó parte del Comité de Vigilancia, fue secretaria del Comité de Mujeres Obreras y miembro del Comité Central de la Unión de Mujeres.
Resonaron los tambores; el tronar de los cañones estremeció la tierra.

No se pronuncian discursos. Sólo exclamaciones de ¡Viva la Comuna!

Las bandas atacan los acordes de la Marsellesa y del Canto de la Partida. Millares de voces le hacen coro.

¿QUIÉN ERA LUISA MICHELLE?

Luisa Michelle

Luisa Michelle (Louise Michelle) había nacido en Vroncourt-la-Côte, departamento de Haute-Marne (Francia) el 29 de mayo de 1830. Era hija natural de una sirvienta, Marianne Michelle, y del hijo de la mansión, Etienne Charles Demahis. Los abuelos maternos le dieron una educación liberal.

Por entonces, la moderna lucha de clases en Francia alcanzaba una aguda confrontación. En junio de 1848 se produjo la insurrección de los obreros parisinos que levantaron barricadas. Fueron aplastados sangrientamente por las tropas del gobierno de la burguesía.
En 1850, después de la muerte de su abuelo, Luisa inició sus estudios para maestra.

EDUCADORA

Luisa se tituló como profesora. Se negó a prestar juramento ante Napoleón III. Esto le impidió ejercer en la enseñanza pública. Entre 1852 y 1855 abrió escuelas en tres ciudades del departamento de Haute-Marne, en las que practicó una enseñanza basada en los ideales republicanos. En 1856 se trasladó a París, donde se dedicó a la educación durante quince años. Abrió una escuela en 1865 y otra en 1868. Apoyó todas las iniciativas progresistas, como por ejemplo, la creación de escuelas profesionales y orfanatos laicos.

Le interesaba la literatura. Escribió algunos libros, entre ellos uno de poemas, que firmó con el seudónimo “Eljolras”. Conoció a Víctor Hugo, una de las personalidades más famosas e respetadas de la época, con quien mantuvo una correspondencia entre 1850 a 1879.

REVOLUCIONARIA

Tomó contacto con los círculos revolucionarios, donde trabó amistad con Jules Vallés, Eugène Varlin, Raoul Rigault, Emile Eades. Fue colaboradora habitual de los periódicos de la oposición, como “El grito del pueblo”.

En 1862, se hizo socia de la “Unión de los poetas” En 1869 fue elegida secretaria de la “Sociedad Democrática de la Moralización”, cuya finalidad era ayudar a las obreras. Por entonces simpatizaba con el movimiento revolucionario fundado por el republicano socialista Luis A. Blanquier.

Cuando estalló la Revolución Proletaria del 18 de marzo de 1871, Luisa tuvo en ella activa participación y, como hemos ya visto, también en la proclamación de la Comuna de París.

LA SEMANA DE MAYO

El 21 de mayo de 1871, las tropas de Thiers, con apoyo de los invasores prusianos, lanzaron el asalto general. Un traidor les había revelado el punto débil de la defensa. Por ahí irrumpieron.
Una lucha encarnizada, terrible, se libró en las calles de París. Ese episodio pasó a la historia como la Semana de Mayo.

Luisa Michelle se unió, como muchas otras mujeres, a los obreros defendiendo la Comuna de París, ese poder obrero que se alzaba por vez primera sobre la faz de la tierra.

COMBATIERON DIEZ MIL MUJERES

Luisa Michelle, fusil en mano, encabezó un batallón de mujeres. En las barricadas tomaron parte cerca de diez mil mujeres obreras, socorriendo a los heridos, levantando trincheras y luchando en ellas.
Se combatía contra fuerzas muy superiores. Los comuneros defendían cada barrio proletario, cada casa.

En sus memorias Luisa Michelle relató los últimos combates que libraron 200 comuneros en el Cementerio Père Lachaise: “Un puñado de valientes lucha en el cementerio contra un ejército entero. Se combate entre las tumbas, en las zanjas y en el interior de las bóvedas; se combate cuerpo a cuerpo, con sables, con bayonetas, a culatazos; muchísimo más numerosos, mejor armados, con sus fuerzas frescas reservadas para la represión en París, los versalleses masacran implacablemente a los valientes… Al caer la noche, un grupo de sobrevivientes de los heroicos defensores de París fue cercado y fusilado junto a los muros del cementerio”.

(Ese muro, llamado “Muro de los Federados” es un lugar donde culminan las marchas de los trabajadores de París. Incluso, durante la ocupación nazi, a pesar de la estricta vigilancia ejercida por los soldados alemanes, cada mayo aparecían flores rojas en ese lugar. Fue un símbolo de la resistencia).

LA DERROTA

El 28 de mayo de 1871 cayó la última barricada levantada en el barrio proletario, en la calle de Ramponeau. Cayeron los últimos heroicos combatientes, defendiendo el primer Estado obrero de la historia. Murieron gritando: ¡Viva la Comuna de París!
La contrarrevolución había triunfado.

Lo del 28 de mayo fue sólo el inicio de la feroz matanza de los obreros parisinos. Treinta y seis mil comuneros fueron masacrados, Más de cuarenta mil arrojados a prisión y deportadas a lejanas colonias, condenados a trabajos forzados. Entre estos últimos estaba Luisa Michelle.

Le habían seguido un juicio, iniciado en diciembre de 1871. En él no se defendió. Reconoció la responsabilidad por todas sus acciones. Con audacia y orgullo planteó los objetivos de la revolución social. Dijo: “Ya que parece que un corazón que late por la libertad tiene derecho sólo a una pequeña bala de plomo, exijo mi parte. ¡Si no sois cobardes, matadme!”

DESTERRADA

Más tarde, desde la cárcel, le escribió al general Appert, que encabezaba los procesos: “Si usted no quiere pasar por las formalidades legales, usted ya conoce bastante sobre mí para fusilarme. Estoy lista y el llano de Satory está cercano. Usted y todos sus cómplices saben muy bien que si salgo viva de aquí yo voy a vengar a los mártires. ¡Viva la Comuna!”

Hacia junio de 1872 habían sido procesados 32.905 comuneros y Luisa Michelle observó que no condenaron a muerte a ninguna de las mujeres más valientes que se distinguieron en la lucha por la Comuna, con el fin de cuidar la imagen de la contrarrevolución.
La condenaron a 15 años de trabajos forzados en Nueva Caledonia (territorio de ultramar de Francia, ubicada en el océano Pacífico al Este de Australia). Intentó escapar, sin éxito, un par de veces.

RETORNA A LA PATRIA

Amnistiada al cabo de 9 años, regresó a París convertida en una revolucionaria convencida. Fue recibida con un masivo acto de bienvenida por el pueblo parisino.

Efectuó una gira dictando conferencias por toda Francia, Bélgica e Inglaterra. Fue condenada en varias ocasiones a diversas penas de prisión. En una oportunidad se dictó la pena de un nuevo confinamiento. Pero no se llevó a cabo. Los multitudinarios funerales de su madre, donde concurrieron muchos grupos revolucionarios, hicieron retroceder a las autoridades reaccionarias.
En 1890 se exilió en Inglaterra, regresando a su patria en 1895.

UNA IMPRESCINDIBLE

En 1898 escribió “Memorias de la Comuna”. En ellas señaló: “La revolución es aterradora, pero su objetivo es ganar la felicidad para la humanidad. Tiene combatientes intrépidos, luchadores sin piedad, y los necesita. La Revolución saca a la humanidad de un mar de fango y sangre, y el océano en el cual miles de personas desconocidas viven como festín para tiburones, y si la revolución debe causar dolor para alcanzar su victoria, es necesario.

“Cuando llegue la Revolución, tú y yo y toda la humanidad seremos transformados. Todo cambiará y mejores tiempos tendrán los gozos que la gente de hoy no puede comprender. Los sentimientos por el arte y la libertad seguramente se harán mayores, y la cosecha de ese desarrollo será maravillosa. Más allá de este tiempo pasado vendrá un día en el que la humanidad libre y consciente de su poder ya no torturará hombre o bestia. La esperanza vale todo el sufrimiento que sentimos cuando pasamos los horrores de la vida”.

Luisa Michelle continuó inalterable con su labor revolucionaria hasta el final de sus días. Murió de pulmonía en 1905 en el Hotel Oasis de Marsella. Miles de personas participaron en sus funerales efectuados en París.

Fue, al decir de Bertolt Brecht, una imprescindible: luchó toda la vida.

LEGADOS INMORTALES DE LA SEMANA DE MAYO

La reacción aplastó en un terrible baño de sangre a aquellos que pretendieron tomar el cielo por asalto. Pero, su ejemplo inspiró muchos episodios de la historia mundial y seguirá inspirando a todos los que quieren cambiar el mundo de fase.

De los hechos históricos en la semana sangrienta nacieron para la humanidad los dos grandes símbolos del movimiento obrero mundial: la bandera roja, reseña oficial de los comuneros franceses y el himno por excelencia del movimiento obrero “La Internacional”, nacido al calor de la primera Asociación Internacional de Trabajadores, establecida por Marx y Engels unos años antes, que fue escrito por el poeta y revolucionario francés Eugéne Pottier durante los días de la Comuna.

LOS ECOS EN CHILE

El periódico chileno, “El Proletario”, de Tocopilla, fundado por Recabarren, publicó con fecha 24 de enero de 1905 un homenaje a Luisa Michelle, con motivo de su fallecimiento ocurrido el 10 de enero de 1905. Allí se decía:

“Luisa Michelle, profesora parisina, militante ardorosa de la Asociación por los Derechos de la Mujer, se une, como muchas otras mujeres, a los obreros que luchan contra la dictadura militar del Segundo Imperio. Combate en defensa de la Comuna de París en 1871. Derrotada la Comuna, es condenada a 15 años de trabajos forzados en Nueva Caledonia. Amnistiada al cabo de 9 años, regresa a París ya convertida en socialista convencida. Escribe y defiende los derechos del socialismo y de la mujer, lo que le reporta varias condenas y prisión”.

En este mismo periódico, en su edición del 18 de marzo de 1905, Luis Emilio Recabarren escribió sobre la Comuna de París. En parte señalaba:

“Los sublevados de París que al grito de la ‘Comunne’ (Comuna) quisieron derribar la opresión burguesa, cayeron asesinados por millares… La ‘Comunne’ proclamaba lo que llevamos como un programa en nuestros corazones los que nos llamados hombres libres; proclamaba el trabajo para todos como una necesidad para la salud física, la producción y el consumo en común y el libre cambio por la acción libre de los hombres…”

“El Despertar de los Trabajadores” de Iquique, de fecha 22 de julio de 1916, informaba sobre la fundación en ese puerto del “Centro Instructivo de Obreras Librepensadoras Luisa Michelle”.

Rosa Luxemburgo, la “rosa roja”

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Nació en la ciudad de Zamosc, Polonia, el 5 de marzo de 1870. Era muy pequeña cuando su familia se trasladó desde la localidad campesina de Zamosc hacia Varsovia. Allí transcurrió su niñez. Rosa sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que la dejó convaleciente durante un año y le produjo una leve cojera que duró toda su vida. Perteneciente a una familia de comerciantes, siente en carne propia el peso de la discriminación, como judía y como polaca en la Polonia parte del imperio zarista.

JOVEN REVOLUCIONARIA

La actividad militante de Rosa comienza a los 15 años, cuando se integra al movimiento socialista. Tenía esa edad cuando varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó profundamente en la joven estudiante. Cuando cursaba su último año de escuela era ya conocida como políticamente activa. Fue la alumna más sobresaliente en los exámenes finales. Para entonces era militante regular de las células clandestinas del Partido Revolucionario del Proletariado.

Conocedora que la policía la tenía detectada, Rosa salió clandestinamente hacia Zúrich, donde se convirtió en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoció a Leo Jogiches, quien será su amante y compañero personal durante muchos años, y su camarada hasta al final de sus días.

BRILLANTE TEÓRICA MARXISTA

En Zurich, Suiza, estudió economía y derecho. En Basilea contrajo matrimonio con un exiliado socialista alemán y adquirió la nacionalidad alemana. Brillante teórica marxista y polemista aguda, como agitadora de masas lograba conmover a grandes auditorios obreros. Uno de sus lemas favoritos era “primero, la acción”, estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Una mujer que rompió con todos los estereotipos que en la época se esperaban de ella, vivió intensamente su vida personal y política.
Trabajó como periodista y continuó con las actividades políticas. Sobresalió rápidamente por su inteligencia, sus conocimientos y su capacidad. Hablaba once idiomas. Jugó un destacado papel como dirigente de la socialdemocracia, como se denominaban entonces las organizaciones revolucionarias.

CONTRA EL REVISIONISMO DE BERNSTEIN

Después de graduarse como Doctora en Ciencias Políticas -algo inusual para una mujer en ese entonces-, finalmente decidió trasladarse a Alemania para integrarse en el SPD, el centro político de la Segunda Internacional. Allí conoció a Clara Zetkin, con quien selló una amistad que dura toda la vida.

En Berlín desde 1898, Rosa se propuso medir sus armas teóricas con uno de los integrantes de la vieja guardia socialista, Eduard Bernstein, quien había comenzado una revisión profunda del marxismo. Según él, el capitalismo había logrado superar sus crisis y la socialdemocracia podía cosechar victorias en el marco de una democracia parlamentaria que parecía ensancharse crecientemente, sin revoluciones ni lucha de clases. El “debate Bernstein” sumó muchas plumas, sin embargo, fue Rosa Luxemburgo quien desplegó la refutación más aguda en el folleto “Reforma o Revolución”.

EL IMPACTO DE LA REVOLUCIÓN DE 1905

La revolución rusa de 1905, la primera gran explosión social en Europa después de la derrota de la Comuna de París, fue sentida como una bocanada de aire fresco por Rosa Luxemburgo. Escribió artículos y recorrió mítines como vocera de la experiencia rusa en Alemania, hasta que logra introducirse de forma clandestina en Varsovia para participar de forma directa en los acontecimientos. Es el “momento en que la evolución se transforma en revolución”, escribe Rosa. “Estamos viendo la revolución rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella.”

La revolución de 1905 abrió importantes debates que dividieron a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Lenin, frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura revolución rusa, enfrentada a la burguesía liberal.

CONTRA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Fue una decida opositora a la Primera Mundial. Planteaba, a diferencia de los dirigentes de la Segunda Internacional, que los obreros no debían participar en una guerra llevada a cabo por los gobiernos oligárquicos capitalistas, porque la verdadera lucha estaba entre el capitalismo y el proletariado.

EL GRUPO SPARTAKUS

Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin y otros revolucionarios fundaron hacia 1916 el movimiento Spartakus. Este grupo, durante la Revolución de 1918 realizó enorme actividad intentando conducir ese movimiento en forma similar a la revolución bolchevique de Rusia. Para ello hizo circular publicaciones marxistas.

En diciembre de 1918, la Liga decidió adherirse a la Internacional Comunista y adoptó el nombre departido Comunista de Alemania (KPD, Kommunistische Partei Deutschlands).

FRENTE A LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

La revolución rusa de 1917 encontró en Rosa Luxemburgo una firme defensora. Sin dejar de plantear sus diferencias y críticas, sobre el derecho a la autodeterminación o acerca de la relación entre la asamblea constituyente y los mecanismos de la democracia obrera -sobre esta última cuestión cambia de posición después de salir de la cárcel en 1918-, Rosa Luxemburgo escribe que “los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía a social democracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional.”

Cuando la sacudida de la revolución rusa impacta directamente en Alemania en 1918 con el surgimiento de consejos obreros, la caída del káiser y la proclamación de la República, Rosa aguarda impaciente la posibilidad de participar directamente de ese gran momento de la historia.

COBÁRDEMENTE ASESINADOS

Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo

La noche del 15 de enero de 1919 en Berlín, fue detenida Rosa Luxemburgo: una mujer indefensa con cabellos grises, demacrada y exhausta. Una mujer mayor, que aparentaba mucho más de los 48 años que tenía. Uno de los soldados que la rodeaban, le obligó a seguir a empujones, y la multitud burlona y llena de odio que se agolpaba en el vestíbulo del Hotel Eden, la recibió con insultos. Ella alzó su frente ante la multitud y miró a los soldados y a los huéspedes del hotel que se mofaban de ella con sus ojos negros y orgullosos. Y aquellos hombres en sus uniformes desiguales, soldados de la nueva unidad de las tropas de asalto, se sintieron ofendidos por la mirada desdeñosa y casi compasiva de Rosa Luxemburgo.

La insultaron: “Rosita, ahí viene la vieja puta”. Ellos odiaban todo lo que esta mujer había representado en Alemania durante dos décadas: la firme creencia en la idea del socialismo, el feminismo, el antimilitarismo y la oposición a la guerra, que ellos habían perdido en noviembre de 1918. En los días previos los soldados habían aplastado el levantamiento de trabajadores en Berlín. Ahora ellos eran los amos. Y Rosa les había desafiado en su último artículo:

«¡El orden reina en Berlín! ¡Ah! ¡Estúpidos e insensatos verdugos! No os dais cuenta de que vuestro orden está levantado sobre arena. La revolución se erguirá mañana con su victoria y el terror asomará en vuestros rostros al oírle anunciar con todas sus trompetas: ¡Yo fui, yo soy, yo seré!».

La empujaron y golpearon. Rosa se levantó. Para entonces casi habían alcanzado la puerta trasera del hotel. Afuera esperaba un coche lleno de soldados, quienes, según le habían comunicado, la conducirían a la prisión. Uno de los soldados se fue hacia ella levantando su arma y le golpeó en la cabeza con la culata. Ella cayó al suelo. El soldado le propinó un segundo golpe en la sien. El hombre se llamaba Runge.

El rostro de Rosa Luxemburgo chorreaba sangre. Runge obedecía órdenes cuando golpeó a Rosa Luxemburgo. Poco antes él había derribado a Karl Liebknecht con la culata de su fusil. También a él lo habían arrastrado por el vestíbulo del Hotel Eden.

Los soldados levantaron el cuerpo de Rosa. La sangre brotaba de su boca y nariz. La llevaron al vehículo. Sentaron a Rosa entre los dos soldados en el asiento de atrás. Hacía poco que el coche había arrancado cuando le dispararon un tiro a quemarropa.

La noche del 15 de enero de 1919 los hombres del cuerpo de asalto asesinaron a Rosa Luxemburgo. Arrojaron su cadáver desde un puente al canal. Al día siguiente todo Berlín sabía ya que la mujer que en los últimos veinte años había desafiado a los poderosos y que había cautivado a los asistentes de innumerables asambleas, estaba muerta.

Meses después, el 31 de mayo de 1919, se encontró el cuerpo de una mujer junto a una esclusa del canal. Se podía reconocer los guantes de Rosa Luxemburgo, parte de su vestido, un pendiente de oro. Pero la cara era irreconocible, ya que el cuerpo hacía tiempo que estaba podrido. Fue identificada y se le enterró el 13 de junio de 1919.

EL PROFUNDO OPTIMISMO DE UNA REVOLUCIONARIA

Un año antes, en una carta desde la prisión dirigida a Sophie Liebknecht, en la víspera del 24 de diciembre de 1917, Rosa escribía con un profundo optimismo sobre la vida: “Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (…) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (…) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (…) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla.”

ASÍ LA RECORDABA CLARA ZETKIN

Clara Zetkin, tal vez quien más la conocía, escribió sobre su gran amiga y camarada Rosa Luxemburgo, compartiendo ese optimismo después de su muerte:

“En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (…) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional.”

Respondiendo a Don Sebastián Drago

Iván Ljubetic Vargas, historiador del Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER

Hemos conocido la opinión –legítima opinión- que a través de su Facebook entregó Sebastián Drago en torno al Foro-Panel realizado por el CEILER el jueves 17 de agosto de 2017: “En el centenario del “Estado y la Revolución” de Vladimir Ilich Lenin”.
Nos alegra que Sebastián Drago haya estado entre la “nutrida concurrencia” del Foro-Panel y que tuvo la deferencia de entregar su opinión sobre las exposiciones allí entregadas.
Una primera cosa que nos llamó la atención es el título que colocó a su opinión: “Un largo y urgente-, Camino por transitar”. Nos llamó la atención, porque leyendo lo que escribió, no hay una sola palabra sobre una propuesta de ese camino largo y urgente por el cual se debería caminar.

Soy uno de los “tres hombres mayores de 30 años” a que se refiere el señor Drago. Tengo 86 años y, quizás, hemos militado en el mismo partido “por años, décadas atrás”.
Su fuere así, quiere decir, que ambos hemos gozado la alegría de las victorias y hemos sufrido la amargura de las derrotas. Pero la vida –diríamos- nos separó. Uno se fue espantado ante los “eventos inesperados”. Otro quedó en el Partido Comunista de Chile, un partido de “cuño marxista tradicional”, que jamás ha traicionado al pueblo ni a sus ideales.

Como es sabido este Foro-Panel fue convocado por el Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER, un grupo de recabarrenistas, que realiza múltiples actividades, siguiendo el legado del padre del Movimiento Obrero chileno y fundador del Partido Comunista. Organizamos encuentros que pueden ser “desalentadores” y causar “tristeza” a ex revolucionarios, pero que encuentran notable eco en amplios sectores.
No somos de los que se quedan mirando los acontecimientos desde el balcón. Actuamos. El fuerte viento de los “eventos inesperados” podrá doblarnos, pero jamás quebrarnos. Y después de cada tormenta nos volvemos a levantar, orgullosos de lo que somos y de lo que hacemos.

Volviendo a lo expresado por Sebastián Drago, me entristece que alguien que confiesa haber militado “por años, décadas atrás” en el Partido Comunista llegue a utilizar las mismas monsergas que utilizan los reaccionarios más recalcitrantes. Por ejemplo: “las sagradas verdades del credo staliniano marxista-leninista de la era soviética”. Precisamente obras como “Estado y la Revolución” mantienen plena actualidad. ¿Acaso está pasada de moda la concepción leninista sobre el Estado?

En cuanto al Partido Comunista de Chile, a pesar de las represiones de todo tipo, está vivo y peleando. No “continuamos atados en el mundo de 1960” sino al año 1912, a los principios que nos legaran los fundadores, con Recabarren a la cabeza.
Con todos los defectos que pudieran achacarles, y con los errores que naturalmente se cometen, somos una fuerza política que ha sido capaz de alcanzar victorias tan grandes como el Gobierno Popular. Que hoy, en el complejo y difícil
momento que vive Chile y el mundo, no pierde la brújula: lleva adelante una correcta línea estratégica y una leninista política de alianzas. Une teoría y práctica. Contribuye paso a paso a forjar un Chile más democrático y se ha transformado en el partido con más militantes y adherentes del país.

Opiniones como las de Sebastián Drago -independientemente de sus intenciones- nos ayudan. Utilizando nuestra poderosa herramienta de la crítica y la autocrítica, pretendemos ser cada día mejores combatientes por un mundo mejor
Ah! Y esperamos anhelantes su camino largo y urgente por el cual, según él debemos transitar.