Cap. XIV: Que todos los órganos del Partido participen en el debate

Reflexiones de un militante comunista de base en torno a la derrota de diciembre de 2017

Iván Ljubetic Vargas, historiador

CAPÍTULO XIV: QUE TODOS LOS ÓRGANOS DEL PARTIDO PARTICIPEN EN EL DEBATE

En el Informe al IX Pleno se señala: “Cada organismo, sector y militante del Partido debe hacer este análisis crítico y autocrítico, que difícilmente se podrá hacer en este Pleno, pero sí debemos dejar establecidas directrices claras para su realización. De lo profundo que sea este análisis surgirán muchas medidas de carácter político, orgánico, de cuadros y de otra índole necesarias de realizar en un corto período, para que den sustento a una Conferencia Nacional, que proponemos realizar en los próximos meses, teniendo también elementos más concretos de como fluctúa el acontecer político en los primeros meses del Gobierno de Piñera”.

También se dice en ese Informe: “Cuando hablamos del papel del Partido, las más de las veces lo hacemos en términos generales. Es el Partido el que hace o no hace bien las cosas. Pasamos muchas veces por alto que el Partido lo constituimos todos nosotros, organizados en una estructura que nos confiere determinada autoridad y derechos, pero por sobre todo deberes con los cuales cumplir”.

UN PROCESO QUE SE INICIE EN LAS CÉLULAS

Estamos absolutamente de acuerdo con estas afirmaciones. Por ello, estimamos que es imprescindible que la anunciada Conferencia Nacional sea precedida por la discusión de toda la militancia comenzando por las células, los órganos más importantes del Partido. Esto, partiendo por lo planteado por Lenin en su obra “La socialdemocracia y las elecciones a la Duma”. Allí escribió: “Todos los asuntos del Partido deben ser manejados –directamente por medio de representantes- por todos los miembros del Partido en un plano de igualdad de derechos, sin excepción”. (Lenin: Obras Completas, tomo 14, p. 253, citado por Otto Kussiner y otros en “Comunismo Científico. Diccionario”, Editorial Progreso. Moscú, 1981, p. 122)

Basado en lo anterior, en los Estatutos del PC de Chile se establece: “La democracia interna se expresa en que todos los militantes comunistas, directamente o a través de sus órganos regulares o en las reuniones políticas y programáticas, participan en la definición de los diversos asuntos del Partido con plena igualdad de derechos”.

RECURRIR A LAS BASES DEL PARTIDO

Incorporar a todos los órganos del Partido en el debate en torno a la derrota de diciembre de 2017, seguiremos el ejemplo de Recabarren, practicaremos la necesaria democracia interna y, al mismo tiempo, tendremos una escuela de educación a nivel nacional.

Hemos citado a Recabarren, evocando lo ocurrido en nuestro Partido en el año 1924. Recordemos:

Los días 18 y 19 de septiembre de 1924 tuvo lugar, en la ciudad de Viña del Mar, el Sexto Congreso Nacional del Partido Comunista de Chile. Tal vez uno de los torneos nacionales más conflictivos.

Un grupo fraccional, que actuaba en el interior del Partido en Santiago, logró una temporal y precaria mayoría en la Sección de la capital eligiendo sus delegados al Sexto Congreso. Ya en el desarrollo del evento nacional, en un golpe de audacia y aprovechándose que los delegados de las otras 17 secciones del país no conocían su proceder, obtuvieron cuatro de los siete miembros del Comité Ejecutivo Nacional. A Luis Emilio Recabarren lo dejaron en la minoría.

El fundador del PC reaccionó rápida, enérgica y audazmente para condenar la maniobra de la fracción. En nota publicada el día 6 de octubre de 1924, en el período “Justicia”, que tituló “No acepto la designación”. Se dirigió a las secciones del país, informó sobre lo ocurrido en el Sexto Congreso y señaló que: “Siendo la mayoría de este Comité (elegido en ese torneo) compuesto por personas que carecen de antecedentes y competencia para afrontar las responsabilidades de este cargo, aviso a las secciones que no acepto el cargo para que me ha designado el Congreso y creo que las secciones deben provocar un voto general para resolver esta situación creada por el Congreso”.

A partir del 12 de octubre se desató una polémica pública entre Recabarren y miembros de la fracción.

La discusión promovida por Recabarren y su justa posición de recurrir a las bases del Partido dieron resultado. El 13 de diciembre de 1924, los militantes de todas las secciones del país votaron eligiendo un nuevo Comité Ejecutivo Nacional. Fueron siete probados revolucionarios, encabezados por Recabarren. Pero éste nunca lo supo. Los resultados de esta votación sólo fueron conocidos después de la muerte de Recabarren, quien se suicidó el viernes 19 de diciembre de 1924.

Debemos seguir el ejemplo de Recabarren. Cuando ocurre un acontecimiento que conmueve al país y al Partido, se debe recurrir a la inteligencia colectiva que constituye la militancia comunista.

CRÍTICA Y AUTOCRÍTICA

Tenemos que educar a militantes y dirigentes para enfrentar los acontecimientos con un adecuado y valiente espíritu crítico. Al respecto, Lenin escribió: “La actitud de un partido político ante sus errores es uno de los criterios más importantes y más seguros para juzgar la seriedad de ese partido y del cumplimiento efectivo de sus deberes para con su clase y para con las masas trabajadoras… Reconocer abiertamente un error, poner al desnudo las causas, analizar la situación que lo ha engendrado y discutir atentamente los medios de corregirlo; eso es lo que caracteriza a un partido serio; en eso consiste el cumplimiento de sus deberes; eso es educar e instruir a la clase y, después, a las masas”. (Lenin: “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”. Obras Escogida en tres tomos. T. III, p. 382)

Como se supone que todo dirigente milita en una célula, allí podrá contribuir a la discusión empleando correctamente las formidables armas de la crítica y la autocrítica.

INCLUSO EN LA PRENSA PARTIDARIA

En los Estatutos del Partido Comunista se señala: “La discusión previa a los congresos y conferencias del Partido, debe ser organizada de modo que garantice la más amplia participación democrática y la mayor información. Cuando el debate tenga carácter de discusión general, de trascendencia para todo el Partido, podrá ser llevado a conocimiento público a través de la prensa partidaria, cuidando contribuir al prestigio y unidad de acción del Partido y su capacidad de servir al pueblo”.

No hay dudas de que el debate en torno a la derrota de diciembre de 2017 tiene enorme trascendencia. ¿Dará la prensa partidaria espacio para desarrollar un constructivo y fructífero debate?

Cap. XIII: ¿Lenin o Martov?

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Ljubetic Vargas, historiador

CAPÍTULO XIII: ¿LENIN O MARTOV?

Respondiendo a un artículo sobre Lenin, el compañero Leo Fonseca me envió una de sus acostumbradas y siempre certeras observaciones: Escribió, refiriéndose a Lenin: “Dentro de todo el gigantesco aporte de su labor revolucionaria, destaca hoy en día como tarea comunista la defensa del Artículo 1. Saludos. Leo”. Y tiene toda, absolutamente toda, la razón.

Cuando en el Partido Comunista aparecen intentos directos o disimulados por pasarse a llevar los métodos leninistas, como por ejemplo se plantean en el Informe y Resoluciones del IX Pleno del Comité Central, es bueno volver a estudiar a quien puso las bases para el funcionamiento y organización del partido revolucionario moderno. En el tomo tres de las Obras Escogidas de Lenin, encontramos su obra “Un paso adelante, dos pasos atrás (una crisis en nuestro Partido)”, escrita en febrero-mayo de 1904.

“UN PASO ADELANTE…”

En este libro, uno de los tesoros del marxismo-leninismo, se refiere Lenin a los hechos ocurridos en el II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) realizado del 17 (30) de julio al 10 (23) de agosto de 1903 y reunido primero en Bruselas y después en Londres. Este Congreso aprobó un Programa revolucionario y los Estatutos elaborados por Lenin, con la sola excepción del punto o artículo primero, en que los oportunistas en cuestiones de organización lograron que se aprobara el proyecto formulado por Martov.

Yuli Mártov, Julius Mártov o L. Mártov (Ма́ртов, su nombre real era Yuli Ósipovich Zederbaum) había nacido el 24 de noviembre de 1873 en Constantinopla, en el seno de una familia judía de clase media. Fue un revolucionario socialdemócrata ruso, que llegó a ser el líder de la fracción menchevique en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia. Falleció el 4 de abril de 1934.

EL ARTÍCULO PRIMERO DE MARTOV

El punto uno de Martov señalaba: “Se considerará perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que, aceptando su Programa, trabaje activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y dirección de los órganos(¡sic!) del partido”. (Lenin: Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, página 306)

Comenta Lenin: “La idea del artículo primero de Martov sólo aparece al plantearse la cuestión de si pueden los órganos del partido llevar a la práctica su dirección respecto a aquellos miembros del mismo que no forman parte de ninguna de las organizaciones del partido”. (Lenin: Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, página 306)

EL ARTÍCULO PRIMERO DE LENIN

La proposición del artículo primero de Lenin (que fue aprobado después en el III Congreso del POSDR realizado en 1905) señala: “Se considerará miembro del Partido todo el que acepte su Programa y apoye al Partido tanto con recursos materiales, como con su participación personal en una de las organizaciones del mismo” (Lenin: Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, página 316.

Refiriéndose siempre al artículo primero de los Estatutos, Lenin escribió en la obra ya citada: “Cuanto más fuertes sean nuestras organizaciones del Partido, integradas por socialdemócratas efectivos, cuanto menos vacilación e inconstancia haya dentro del Partido, tanto más amplia y polifacética, tanto más rica y fructuosa será influencia del Partido en los elementos de las masas obreras que lo rodean y que él dirige. Porque, en verdad, no se puede confundir al Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera con toda la clase” (Lenin: Obras Escogidas en tres tomos. Tomo I, páginas 318- 319. Los subrayados son de Lenin).

UN PLANTEAMIENTO MARTOVIANO

En el Partido Comunista de Chile han habido (y existen) diversos intentos por “flexibilizar” a Lenin y los Estatutos. Por ejemplo, en una entrevista publicada en “El Siglo” en su edición de la semana del 8 al 13 de abril de 1995, Oscar Azócar señaló: “En el Pleno vimos que era fundamental desarrollar métodos de trabajo más flexibles para incorporar a otros compañeros. Lo fundamental para medir al militante, es que trabaje con las orientaciones del Partido, que contribuya en forma concreta para ponerlas en práctica. Lo más importante es la actividad que cada militante desarrolla, y la célula tiene que ser capaz de llegar hasta estos compañeros”. (El subrayado es nuestro)

¿No es verdad, que estos planteamientos están más cerca de Martov que de Lenin?

A DEFENDER EL CONCEPTO LENINISTA DE MILITANTE

Debemos defender el concepto leninista de militante. Sus tres condiciones fundamentales: Estar de acuerdo con el Programa, participar efectivamente en una célula y pagar mensualmente su cotización. Nada de flexibilizarlas. Quien no milita en una célula no es militante y, por tanto, no puede ser dirigente, ministro, parlamentario, alcalde ni concejal comunista. Tampoco tener otro cargo alguno de representación del Partido. Esto también vale para estar de acuerdo con el Programa y cancelar su cotización.

Y aquí corresponde lo que planteaba Lenin sobre el control revolucionario, control desde capitán a paje.

Cap. XII: En la defensa del leninismo

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Ljubetic Vargas, historiador

No hacerse el harakiri,
pero tampoco hacerse el leso

CAPÍTULO XII: EN LA DEFENSA DEL LENINISMO

En una de las primeras informaciones en torno al esperado IX Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Chile, realizado los días viernes 12 y sábado 13 de enero de 2018, el compañero Presidente del Partido, diputado Guillermo Teillier señaló: “realizaremos una conferencia nacional a mediados de año con 300, 400 dirigentes, donde vamos a tomar medidas muy concretas como cuáles serán las propuestas programáticas que vamos a priorizar, cómo vamos a organizar el partido, miraremos las medidas del gobierno de Piñera y cómo avanzamos en la unidad de las fuerzas políticas y sociales”.

En verdad nos llamó la atención y nos preocupó un tanto la frase “cómo vamos a organizar el partido” entre las “medidas muy concretas” que se tomarán en esa Conferencia Nacional, porque nos pareció una medida positiva pero, a la vez, muy ambigua. ¿Qué significa eso de “cómo vamos a organizar el partido”?

Por ello esperábamos con sumo interés el Informe y las Resoluciones del IX Pleno para aclararnos el significado de esa frase.

Con enorme satisfacción leímos tanto el Informe como las Resoluciones del IX Pleno. Son dos serios y valiosos documentos, que deben servir de base para una profunda discusión en todos los órganos del Partido. Pero, al leerlos no encontramos la respuesta a nuestra inquietud sobre la frase del compañero Teillier. Aún más observamos una total ausencia sobre el estado y funcionamiento orgánico del Partido. ¿Es que no preocupa a los miembros del Comité Central la situación orgánica del Partido? ¿Cómo anda su militancia en una célula?

En el Informe sólo encontramos en torno a nuestra preocupación lo siguiente: “El Partido puede y debe jugar un importante papel en el periodo y proceso que se abre, a condición de readecuar sus cuadros y estructuras, en función de los conflictos y contradicciones sociales más relevantes de esta etapa. Ir más allá de esquemas internistas, entender los problemas orgánicos, como esencialmente políticos. Su resolución es la conformación de estructuras acordes con los aspectos centrales de nuestra línea política, estos es, en función de nuestras definiciones del carácter del período y de su más posible superación”.

En las Resoluciones se dice al respecto: “El pleno del Comité Central ha resuelto convocar a una Conferencia Nacional del Partido Comunista de Chile para el primer semestre del 2018, con objeto de reafirmar nuestra oposición activa al gobierno de Sebastián Piñera, de defensa de las reformas hechas, de crear condiciones para la recuperación del gobierno y profundización de la democracia en nuestro país, actualizando nuestro programa y nuestras propuestas al país.

También nos proponemos readecuar el partido como herramienta de las transformaciones sociales, tanto en el funcionamiento de las estructuras de dirección como en la educación y formación de cuadros del partido”.

Nuevas frases que no explican su real significado: “Readecuar sus cuadros y estructuras”, “readecuar el partido como herramienta de las transformaciones sociales”, “Ir más allá de esquemas internistas, entender los problemas orgánicos, como esencialmente políticos”.

En el seno de un partido, como en todo objeto o fenómeno, existe –como lo constata el materialismo dialéctico- la lucha de contrarios, la lucha de tendencias.

Lenin, colocó como epígrafe de su obra “¿Qué hacer?”, la frase de una carta de Lassalle a Carlos Marx, de fecha 24 de junio de 1852, que decía: “…La lucha interna da al partido fuerzas y vitalidad; la prueba más grande de la debilidad de un partido es la amorfía y la ausencia de fronteras bien delimitadas; el partido se fortalece depurándose…” (Lenin: “¿Qué hacer?” en Obras Escogidas en tres tomos Tomo I, página 115).

Como hemos denunciado en varias oportunidades, en los últimos años, han surgido en el seno del Comité Central del Partido Comunista de Chile tendencias socialdemócratas, antileninistas; intentos por “flexibilizar” a Lenin.

Por ejemplo, en una entrevista publicada en “El Siglo” en su edición de la semana del 8 al 13 de abril de 1995, Oscar Azócar, entonces Encargado de Nacional de Organización, señaló: “En el Pleno vimos que era fundamental desarrollar métodos de trabajo más flexibles para incorporar a otros compañeros. Lo fundamental para medir al militante, es que trabaje con las orientaciones del Partido, que contribuya en forma concreta para ponerlas en práctica. Lo más importante es la actividad que cada militante desarrolla, y la célula tiene que ser capaz de llegar hasta estos compañeros”. Y -¡atención!- agregaba más adelante: “Buscar otras formas, además de la célula, para incorporarse a la actividad”.

Era clara en ese momento, a lo menos en la mayoría del Comité Central, una posición idéntica a la de Martov, que tanto combatió Lenin. Es conocida la polémica entre Lenin y Martov en los marcos del II Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia de 1903.

La práctica mostró que hubo “flexibilización” de los métodos leninistas de organización y funcionamiento partidario, pero que no ha habido crecimiento de nuestras filas de nuestro Partido. Su estado orgánico es cada vez peor.

Cuando se preparaba el XXV Congreso Nacional del Partido volvieron a campear por su fuero las tendencias antileninistas.

Por ejemplo, en la Hoja Informativa Nº 630, correspondiente a Octubre de 2015, de la Comisión Nacional de Organización, se plantean conceptos sobre la organización del Partido que no son leninistas.

Por ejemplo: al referirse al trabajo orgánico del Partido se dice que “hay que cambiar todo lo que se necesite, para dar paso a formas orgánicas que, efectivamente, den prioridad a estos ámbitos de la lucha política e ideológica”. No indica los límites que tiene “todo lo que se necesite”.

Pero no sólo en la Comisión de Organización se daban intentos por “flexibilizar” a Lenin. Esta tendencia también existía en el Comité Central. Prueba de ello, la tenemos en la Convocatoria al XXV Congreso, convocatoria aprobada, desde luego, por el Comité Central.

En dicho documento de señala textualmente en el apartado “El necesario crecimiento del Partido”:

“Esta tarea, debemos ubicarla en el contexto político y en la perspectiva de los desafíos que nos hemos planteado. Se trata de un crecimiento cuantitativo, ojalá en el menor tiempo posible, en el espesor del seno de las masas, tal como realmente son, reduciendo al máximo las “exigencias” para su adhesión, militancia y compromiso partidario.

“No tenemos otra opción. Las formas orgánicas para incorporar a este contingente deben ser las adecuadas a sus niveles de conciencia. No hay otra “exigencia” ante quienes dan el paso de incorporarse a esta bella tarea, pero que también es compleja y difícil” (Página 15)

“El Partido debe reordenar sus formas de trabajo político para dar prioridad a estos aspectos de la realización de su política.

“Esto necesariamente se debe reflejar en el trabajo orgánico del Partido, en todos sus niveles. Hay que cambiar todo lo que se necesite, para dar paso a nuevas formas orgánicas que, efectivamente, den prioridad a estos ámbitos de la lucha política e ideológica”. (Página 16) Todos los subrayados son nuestros.

Es necesario que de una vez por todas el CC defina con claridad su posición ante la organización y funcionamiento del Partido. ¿Está por aplicar las normas leninistas, o considera que hay que “superarlas” con “nuevas formas orgánicas”? ¿Somos un Partido leninista o nos acercamos a Martov?

Es necesario plantear esto sin eufemismos, para que cada militante en todas las células lo estudie y saque las conclusiones. Por nuestra parte, levantamos en alto las banderas del leninismo.

Lenin en su obra “La socialdemocracia y las elecciones a la Duma”, escribió:

“Todos los asuntos del Partido deben ser manejados –directamente por medio de representantes- por todos los miembros del Partido en un plano de igualdad de derechos, sin excepción”. (Lenin: Obras Completas, tomo 14, p. 253, citado por Otto Kussiner y otros en “Comunismo Científico. Diccionario”, Editorial Progreso. Moscú, 1981, p. 122)

Una vez más, como lo hizo Luis Emilio Recabarren en 1924, se debe recurrir a la militancia comunista.

Cap. XI: Y ahora, ¿qué hacer?

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Iván Ljubetic Vargas, historiador

No hacerse el harakiri,
pero tampoco hacerse el leso.

CAPÍTULO XI: Y AHORA, ¿QUÉ HACER?

Apechugar. Los comunistas siempre lo hemos hecho, en las buenas y en las malas. Lo primero, en base a una sana y valiente crítica y autocrítica, tratar de explicarnos las verdaderas causas de la derrota. Sin hacernos el harakiri, pero tampoco hacernos los lesos con ese falso y acostumbrado exitismo. Luego enmendar los errores.

Cada cual respondiendo por su personal responsabilidad y como miembro de un órgano partidario. Desde capitán a paje. Teniendo en cuenta que el capitán tiene más responsabilidad que el paje.

La derrota sufrida por la centro-izquierda en las elecciones del 17 de diciembre de 2017 no invalida la línea estratégica del Partido Comunista de Chile, trazada en su XX Congreso Nacional y ratificada en los congresos posteriores, la que tiene como objetivo estratégico el conquistar un Chile realmente democrático. Por el contrario. Alcanza enorme significado en las condiciones de un gobierno de derecha como el que se instalará a partir de 11 de marzo de 2018. Esta estrategia se debe expresar en la defensa de los cambios llevados a cabo por el gobierno de la Presidenta Bachelet y lograr otros avances positivos. Ello, logrado a través de la unidad y lucha de los más amplios sectores democráticos.

Por tanto, tampoco está invalidada la justa política de alianzas aprobada por el Pleno del Comité Central del PC, realizado el 28 de diciembre de 2004.

En mi opinión, lo decisivo es reafirmar nuestros principios marxistas, leninistas, recabarrenistas. Pensar y actuar de acuerdo con ellos.

Siguiendo el ejemplo de Luis Emilio Recabarren (a veces olvidado o dejado en segundo plano por algunos dirigentes comunistas) poner en el centro de nuestro pensamiento y acción el movimiento obrero, que es la fuerza motriz de nuestro desarrollo histórico. Ningún tipo de alianzas ni compromisos nos pueden apartar de ello.

Educarnos para educar a las masas. Ir forjando la conciencia de clase en los trabajadores, su conciencia real, en permanente y dura lucha ideológica. Como lo hizo Recabarren, utilizando todos los medios a nuestro alcance: la prensa (es imprescindible contar con un diario de papel, sencillo, educador), grupos de teatro, conjuntos artísticos (el Coro Rojo es una excelente iniciativa que es necesario multiplicar), actos, paneles, la bancada de diputados comunistas. Ahora, la radio, redes sociales y, en lo posible, la TV.

Como Recabarren, prestar especial atención al movimiento sindical, a su organización, unidad y luchas reivindicativas. Transformar a los sindicatos en escuelas de educación de los trabajadores.

Hacer crecer en cantidad y calidad el Partido Comunista. Reclutar nuevos combatientes. La muestra de cómo se trabajó en la campaña electoral, está dada por la cantidad de nuevos militantes que se ganaron en ella.

Volver a la plena vigencia de las normas leninistas de organización y funcionamiento. Derrotar las tendencias socialdemócratas que surgieron en documentos como la Convocatoria al XXV Congreso. La denuncia realizada por nosotros, obligó a echar marcha atrás a los redactores de ese documento (suponemos miembros del Comité Cenhtral), con explicaciones que nada explicaron.

No son nuevos los intentos por “flexibilizar” a Lenin. Por ejemplo, en una entrevista publicada en “El Siglo” en su edición de la semana del 8 al 13 de abril de 1995, Oscar Azócar, entonces Encargado de Nacional de Organización, señaló: “En el Pleno vimos que era fundamental desarrollar métodos de trabajo más flexibles para incorporar a otros compañeros. Lo fundamental para medir al militante, es que trabaje con las orientaciones del Partido, que contribuya en forma concreta para ponerlas en práctica. Lo más importante es la actividad que cada militante desarrolla, y la célula tiene que ser capaz de llegar hasta estos compañeros”. Y -¡atención!- agregaba más adelante: “Buscar otras formas, además de la célula, para incorporarse a la actividad”.

Si somos un partido leninista, debemos practicar el centralismo democrático, la dirección colectiva, la célula como principal órgano partidario, la crítica y la autocrítica, la obligatoriedad de todo dirigente de militar en una célula. Sólo con un partido organizado y funcionando al estilo leninista, podemos realizar una verdadera política de masas. En ello, las células tienen que jugar su rol esencial.

Debemos perfeccionar la democracia interna.
En su edición del 15 de julio de 2016, el semanario “El Siglo” publicó en la página 5 una breve, pero muy importante información. Su título: “PC elegirá Comité Central por voto universal”. En parte del texto explica: “Desde ahora, el Comité Central del Partido Comunista de Chile (PC) será elegido por voto universal de los militantes de la colectividad, es decir, todos sufragarán para decidir quienes integran esta instancia partidaria”. Agrega más adelante: “Esta innovación la acordó, precisamente, el Pleno del Comité Central (CC), efectuado el pasado 9 de julio, para dar cumplimiento con la norma establecida por la nueva ley de partidos políticos”.
Este acuerdo significa fortalecer la democracia interna del Partido de Recabarren, pues sepulta el antidemocrático método de la prelación. Ese sistema tenía por resultado que, en los Congresos Nacionales, eran elegidos o reelegidos como miembros del nuevo Comité Central todos los candidatos propuestos en la prelación por la Dirección Central que llegaba al evento partidario.

Lenin jamás planteó ni practicó la prelación. Es conocido que, en el VI Congreso del Partido de los bolcheviques, efectuado en San Petersburgo del 26 de julio al 3 de agosto de 1917, fueron elegidos dirigentes leninistas, trotskistas y de otras corrientes, que actuaban dentro de esa colectividad.

Recabarren aplicó la democracia interna. Por ejemplo, cuando en el Tercer Congreso Nacional del Partido Comunista, efectuado en Valparaíso el 25 y 26 de diciembre de 1920, se resolvió la incorporación del Partido a la Internacional Comunista, Recabarren propuso -y fue aprobado- que ello fuera discutido por todos los militantes en las secciones (así se llamaban entonces las bases del Partido) durante 1921. Sólo después de ello, en el Cuarto Congreso Nacional, efectuado en Rancagua el 1 y 2 de enero de 1922, se ratificó tan importante medida.

Otro ejemplo. En el Sexto Congreso Nacional, celebrado en Viña del Mar, el 18 y 19 de septiembre de 1924, una fracción antipartido logró elegir cuatro de los siete dirigentes de la Dirección Nacional. Ello creó la primera crisis en la historia del Partido Comunista. Para superarla, Recabarren propuso la elección directa, por todos los militantes, de una nueva dirección nacional. Esta tuvo lugar el 13 de diciembre de 1924. Los siete dirigentes elegidos fueron probados revolucionarios.

La democracia interna garantiza, además, la plena libertad de opinión en las instancias partidarias. No debe preocupar que dentro de un organismo existan opiniones discrepantes. Es una ley de la dialéctica que en toda cosa o fenómeno existen contradicciones. Y no podemos pretender que esa ley no tenga vigencia dentro del Partido. Lenin cita de una carta del socialista Lasalle a Marx, la siguiente frase: “La lucha interna da al Partido fuerzas y vitalidad”. Y la utiliza como parte del epígrafe de su obra “¿Qué hacer?”. La lucha ideológica también se da al interior del Partido.

La democracia interna garantiza el derecho de los militantes al ejercicio libre y responsable de la crítica autocrítica dentro del Partido.

La defensa de las normas leninistas de organización y funcionamiento es tarea de todos los revolucionarios.

Por otra parte, no debemos olvidar las lecciones que nos ha dejado nuestra rica historia de más de un siglo de combates. Por ejemplo, la autocrítica realizada en el Pleno de agosto de 1977 sobre el “vacío histórico” en cuanto al tema militar.

Ha sorprendido, algo que no nos debiera sorprender: la provocadora acción de elementos fascistas en el acto de la CUT. Con el triunfo de Piñera los ultraderechistas se sienten estimulados a mostrar sus garras. Los sectores populares, y en primer lugar los comunistas, no podemos descuidar la autodefensa. Es otra tarea de plena vigencia.

Si los comunistas hemos optado en este período por la vía no armada y, como una de las formas tácticas, la electoral, debemos prepararnos para tener éxito en las elecciones. Si bien logramos elegir 8 diputados y perdimos un candidato a senador el domingo 19 de noviembre de 2017, estos resultados están distantes para pretender ser un partido con real influencia en lo electoral. Este trabajo debe ser continuo. No solo en los marcos de los comicios. En ello incide en primer lugar el trabajo de educación y propaganda, una real política de cuadros y, sobre todo, el accionar con las masas.

Tanto de lo positivo como de lo negativo de nuestro actuar en este período de las elecciones del 2017, el principal responsable es el Comité Central. También necesario analizar la actuación de los Comités Regional, Comunales y de Sector, como la participación que le cupo a cada célula y a todos los militantes. Ello, insistimos, en base a la crítica constructiva y a la autocrítica sincera.

No hacerse el harakiri,
pero tampoco hacerse el leso.

Cap. X: Los medios de comunicación, un poderoso actor político

Reflexiones de un militante comunista de base en torno a la derrota de diciembre de 2017

Iván Ljubetic Vargas, historiador

No hacerse el harakiri,
pero tampoco hacerse el leso.

CAPÍTULO X: LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN, UN PODEROSO ACTOR POLÍTICO

Todos los seres humanos tienen conciencia. Ésta puede ser conciencia verdadera, cuando corresponde a sus reales intereses de clase, o conciencia falsa, cuando no representa esos intereses.

La mayoría de la población, aunque no tenga conciencia de ello, vive vendiendo su fuerza de trabajo a una minoría de grandes patrones. En Chile, el 1% más rico concentra el 33% de los ingresos.

Si toda esa multitud de trabajadores (incluidos los de la llamada “clase media”) tuviera una conciencia verdadera, tendría en sus manos el poder político.

Pero no es así. La mayoría de ella posee una conciencia falsa, creada por el incesante bombardeo de los medios de comunicación en manos de la derecha. Ésta controla todos los canales de televisión. Incluso TVN, “el canal de todos los chilenos”, que en la última campaña electoral fue decididamente piñerista. Otro tanto sucede con las radioemisoras. La prensa escrita está en manos de dos poderosos consorcios: COPESA y El Mercurio.

Para la centro-izquierda le es imposible competir de igual a igual con la enorme maquinaria de los medios de comunicación de la derecha. Por eso debe buscar, por todos los medios, llegar a la gente: tener diarios, radios, visitar barrios y poblaciones, no sólo en períodos de elecciones, para explicar en forma sencilla pero convincente, que las radios que escucha, el canal de la TV que ve, el diario que lee, tienen un dueño. Que para ser propietario de uno de esos medios hay que ser gente con muchos recursos. Que ningún trabajador los posee. Y que, naturalmente, esa radio, canal de TV o diario tiene que transmitir, tanto en la forma como en su contenido, lo que le conviene a su dueño. Nadie quiere dispararse en un pie.

Por ello, esos medios no entregan simplemente noticias. Lo que hacen es hacer propaganda, propaganda con la intención de hacer pensar de una manera que favorezca políticamente a los dueños de esas radios, canales de televisión y diarios.

Debemos llegar a la gente con constancia, con inmensa paciencia y con suma sencillez, para ir quitando poder a este actor político que inunda las mentes con mentiras. Y esta es una tarea para toda persona democrática.

No olvidar que la derrota electoral de diciembre de 2017 fue, antes que nada, una derrota en el campo de las ideas, una derrota ideológica. Ya es hora de pasar a la ofensiva en la batalla ganar las conciencias de las masas.

A propósito de lucha ideológica, un compañero respondiendo a mi reflexión (III), me escribe diciendo “Y que hay de malo que un trabajador tenga tarjeta de crédito”.

Le respondo: Mirado desde el punto de vista de los grandes comerciantes y de los medios de comunicación que los favorecen, nada tiene de malo. Es “natural” que se use para propiciar el consumismo. Pero para la gente sencilla, significa endeudarse, pagar intereses gravosos y vivir viendo como esas deudas crecen continuamente.

La última Encuesta Financiera de Hogares del Banco Central (BC) dejó en evidencia el nivel de endeudamiento de la población chilena. El sondeo, difundido en noviembre de 2016, reveló que el 73% de las familias mantiene obligaciones financieras, tres puntos porcentuales más que en la primera medición de 2007. Pero la penetración y tipo de deuda han desarrollado características distintas en cada capa social, poniendo en riesgo a algunos hogares.

Así lo muestra un análisis de la Facultad de Negocios de la Universidad del Desarrollo (UDD), que utilizó como base los datos del Banco Central. A través de un indicador de carga financiera -que considera el dinero destinado al pago de intereses y amortización de la deuda sobre los ingresos mensuales del hogar-, el estudio detectó a los hogares que atraviesan por dificultades financieras. Generalmente, explica el documento, la literatura económica define como “hogar vulnerable” aquel que destina entre 20 y 40% de su ingreso mensual a pagar una deuda no hipotecaria. La UDD tomó como base un umbral de 30%.

Bajo esos parámetros, la casa de estudios identificó a 702.765 familias urbanas que destinan 30% o más de sus ingresos mensuales al pago de deudas de consumo e intereses. Este grupo, a su vez, equivale al 30% del total de hogares que reconoce mantener deudas no hipotecarias; es decir, a través de tarjetas de créditos bancarias, préstamos de consumo bancarios, tarjetas de créditos de casas comerciales, préstamos de consumo de casas comerciales, créditos automotrices y créditos educacionales.

Y el estar amarrado a esas deudas influye significativamente en el modo de pensar de mucha gente. No es libre para hacerlo.

La afirmación del compañero citado, muestra hasta qué grado ha llegado la influencia de los medios de comunicación, un poderoso actor político. Y nos llama a dar mayor importancia a la lucha ideológica.

Cap. IX: Un pillo y exitoso camaleón

Reflexiones de un militante comunista de base en torno a la derrota de diciembre de 2017

Iván Ljubetic Vargas, historiador

No hacerse el harakiri,
pero tampoco hacerse el leso.

CAPÍTULO IX: UN PILLO Y EXITOSO CAMALEÓN

En la campaña presidencial 2017, especialmente en la segunda vuelta, el candidato de la derecha mostró y derrochó la habilidad, la pillería, que le ha permitido llegar a ser uno de los más exitosos y poderosos multimillonarios del Mapocho.

Supo agarrar al vuelo todo error o equivocación de Guillier y de su Comando. Exagerando esas fallas y dándole amplia cobertura a través de los medios de comunicación que controlan los grandes patrones.

Utilizó descaradamente el anticomunismo. Se sirvió de la propaganda negra del imperialismo. Por ejemplo, sobre Venezuela. Caracterizó al gobierno de ese país de “comunista”, pese a que es un régimen socialdemócrata que, en los marcos del capitalismo, ha llevado a cabo grandes cambios a favor del pueblo, el que le ha dado masivo y mayoritario apoyo en más de 20 elecciones, tres de ellas efectuadas en los últimos meses de 2017.

Aseguró que de ganar Guillier el balotaje, el Gobierno estaría en manos de los comunistas y otros extremistas. Naturalmente, no se refirió al excelente papel jugado por los comunistas en el Gobierno de la Nueva Mayoría.

Un episodio de farándula: “El 19 de noviembre del 2017, Piñera caminaba no a Damasco como Pablo, sino hacia La Moneda. De pronto cayó sobre él desde el cielo un rayo de luz, que lo dejó ciego (Ese rayo enceguecedor fue el 36,64% y no el 44% o 45% esperado de votación en la primera vuelta) Entonces escuchó la voz de Manuel José Ossandón, con quien hacía poco se había trenzado en arduas peleas. Ossandón lo mejoró de su ceguera y le mostró el camino de la salvación, su mítica “derecha social”. Y Piñera vio que era bueno. Entonces se transformó, de acérrimo enemigo de las reformas de Bachelet, entre ellas las de educación, en decidido partidario de la gratuidad en la educación superior. Y lanzó su ofertón de primavera: gratuidad para el 90% de los estudiantes de los Centros de Formación Técnica. Pero, como recordó la diputada comunista Karol Cariola (El Siglo, 29 de diciembre de 2017) “esas instituciones hoy día tiene fines de lucro y se les quiere entregar recursos del Estado”. Pillín no da puntada sin hilo. Y vinieron más ofertones: puestos de trabajo, en salud. Hasta se apropió del proyecto de la Nueva Mayoría de la AFP estatal.

Pero no fue un giro a la izquierda. Eso nunca. No tuvo problemas con aceptar el apoyo del fascista José Antonio Kast, de reunirse con la “familia militar” a la quien hizo promesas como reabrir Punta Peuco si la Presidenta Bachelet lo cerraba y lograr el envío a casa de los verdugos presos que estuvieran “enfermos” o muy “viejitos”.

Los resultados de la primera vuelta no sólo conmovieron a Piñera, sino a toda la derecha. Los partidos de Chile Vamos cayeron en pánico. Y del pánico saltaron a la acción. Dejaron de lado sus diferencias. Se lanzaron a trabajar con una convicción que tuvieron todos los sectores de la Fuerza de la Mayoría. Según Karol Cariola (El Siglo, 29 de diciembre de 2017), las colectividades que apoyábamos a Guillier “no pudimos ni siquiera retener todos los lugares la votación de la primera vuelta, ni sumar a toda la centro-izquierda en nuestra votación”.

El día del balotaje la derecha realizó una movilización impresionante en defensa del voto. Hasta dos apoderados por mesa. Mucha gente apoyando en los lugares de votación. Pocas veces, en la historia de Chile, la derecha había sacado tantos votos en una elección presidencial.

La diferencia de nueve puntos con que el candidato de derecha aventajó a Guillier en la segunda vuelta, no estaba en los cálculos de nadie. Todos pensaban en un triunfo muy estrecho. Tanto es así, que el comando de Chile Vamos tenía un plan maestro en caso que los resultados fueran por fallo fotográfico. Este plan contemplaba un grupo 345 abogados que se reunirían con los encargados comunales de la campaña y trabajarían con las Actas de Escrutinio de todos los locales de votación.

En el aspecto técnico electoral, la derecha dio una lección de eficiencia a la Fuerza de la Mayoría en la segunda vuelta de las elecciones del 17 de diciembre de 2017.

Cap. XXI: ¿Con quiénes forjar la unidad para defender el litio?

Reflexiones de un militante comunista de base en torno a la derrota de diciembre de 2017

Iván Ljubetic Vargas, historiador

CAPÍTULO XXI: ¿CON QUIENES FORJAR LA UNIDAD PARA DEFENDER EL LITIO?

Después de conocer la brutal represión que esa policía verde -la misma donde se robaron más de 26 mil millones de pesos, la misma que según comprobó el Ministerio Público realizó un montaje con pruebas falsas en la Operación Huracán contra comuneros mapuches- perpetró contra una manifestación pacífica en defensa del litio.

Después de saber que la orden fue dada por el anticomunista Intendente democratacristiano de la región Metropolitana.

Luego de ver y escuchar a personeros de la Democracia Cristiana, del Partido Socialista, del Partido Radical y del PPD, defendiendo la increíble traición a los intereses de la patria por parte de la estatal CORFO, que extendió a la empresa privada y corrupta SOQUIMICH la explotación del litio hasta el año 2030, sextuplicándole la cuota de extracción.

Habiendo comprobado que ningún partido de la Nueva Mayoría, excepto el Partido Comunista, firmó la Convocatoria a la Marcha en Defensa del Litio.

Teniendo en cuenta que el litio, del cual Chile es uno de los pocos países del mundo que posee yacimientos, adquiere hoy una enorme importancia.

AYER EL SALITRE Y EL COBRE

Recordando la consecuente defensa del control del salitre por parte del Estado del gran estadista José Manuel Balmaceda, contra quien el imperialismo inglés financió la contrarrevolución de 1891 y le empujó al suicidio.

Evocando al ejemplar revolucionario Salvador Allende Gossens, que nacionalizó el cobre y contra quien el imperialismo estadounidense dirigió y financió el golpe de Estado fascista.

Rememorando como el compañero Presidente cayó combatiendo defendiendo la revolución chilena el 11 de septiembre de 1973.

AHORA EL LITIO

Hoy los comunistas, siguiendo el ejemplo de Luis Emilio Recabarren, que ya en 1920 proclamó la necesidad de nacionalizar todas nuestras riquezas naturales, estamos en la primera línea en la defensa del litio.

Y para lograr éxito en esta lucha, necesitamos buscar y encontrar aliados que, a igual que nosotros, estén por hacer de Chile nuestras riquezas naturales, por terminar con el envío al extranjero de materias primas y sentar en el país industrias que le den valor agregado. Y el litio puede ser precisamente una de las bases para ello.

EN TORNO A LOS COMPROMISOS

¿Quiénes pueden ser esos aliados?

Pensamos que un Congreso Nacional Extraordinario puede dar una justa respuesta a esa interrogante, teniendo muy en cuenta lo señalado por Lenin sobre los compromisos: “La conclusión es clara: rechazar los compromisos ‘por principio’, negar la legitimidad de todo compromiso en general, cualesquiera que sea, constituye una puerilidad que incluso es difícil tomar en serio.

“Hay compromisos y compromisos. Es preciso saber analizar la situación y las circunstancias concretas de cada compromiso o de cada variedad de compromiso. En política, esto dista mucho de ser siempre tan fácil. Pero sería sencillamente un charlatán quien pretendiera inventar para los obreros una receta que diese por adelantado soluciones adecuadas para todas las circunstancias de la vida o prometiera que en la política del proletariado revolucionario no han de surgir nunca dificultades, ni situaciones embrolladas”.(Lenin: “La enfermedad del ‘izquierdismo en el comunismo” en Lenin Obras Escogidas en tres tomos. Tomo 3, página 365).

CUMPLIR SIEMPRE CON LOS PRINCIPIOS

Lenin se preocupó ya antes de este tema. El 3 de septiembre de 1917 escribió su trabajo “Acerca de los compromisos”, donde señaló:

“El deber de un partido auténticamente revolucionario consiste en saber cumplir fielmente a través de todos los compromisos con sus principios, su clase, su misión revolucionaria, su obra de preparar la revolución y de educar a las masas populares para triunfar en la revolución”. (Lenin: “Acerca de los compromisos” en Lenin Obras Escogidas en tres tomos. Tomo 2, página 229).

El Partido Comunista de Chile tiene, como gloriosa herencia de Luis Emilio Recabarren, una histórica vocación unitaria y una rica experiencia práctica en cuanto a las alianzas. Aprendamos de ellas para defender el litio.

Tercera Escuela de Verano CEILER 2018

Iván Ljubetic Vargas, historiador del CEILER

Con el título de Introducción al Leninismo, y con gran éxito, tuvo lugar los días 16, 17 y 19 de enero de 2018 la Tercera Escuela de Verano organizada por el Centro de Extensión e Investigación Luis Emilio Recabarren, CEILER.

Treinta alumnos participaron en las tres clases con que contó la Escuela, que abordaron los temas: Biografía e importancia de Lenin, las Normas leninistas de Organización y Funcionamiento, Concepto leninista de Revolución.

Cada clase estuvo organizada en 45 minutos de exposición del tema, una pausa con colación, y 45 minutos de preguntas opiniones. Ello permitió que reinara un ambiente de fraternidad y de sana confrontación de ideas.

La Tercera Escuela de Verano estuvo caracterizada, además, por una perfecta organización, el puntual cumplimiento de los horarios y la participación de muchos jóvenes.

El interés por tomar parte en esta Escuela quedó demostrado por haberse completado el cupo de 30 alumnos, y por el número de personas que solicitaron ser alumnos y no pudieron serlo, debido a que se limitó el número de participantes.

La Escuela -que tuvo como Director a Marcelo Urra, siendo expositores además de él, Carlota Espina e Iván Ljubetic, y que contó con el apoyo del resto de directores del CEILER- finalizó con una emotiva ceremonia de entrega de Diplomas de Participación a todos los alumnos.

La Tercera Escuela de Verano fue una rica experiencia y una nueva contribución del CEILER a la recabarrenista tarea de educarse para educar.

Hace 70 años: 15 de enero de 1948

(Dos apartados del capítulo Primero de “Siguiendo la Roja Estrella. Recuerdos” de Iván Ljubetic Vargas)

II.- Descubriendo un nuevo mundo

Terminado el año escolar 1947 me quedé en Llo-Lleo. Estaba lleno de veraneantes. Estos y también nosotros, los del lugar, cumplíamos el rito estival: ir en la mañana y después de almuerzo a la playa; pasadas las 18 horas, a la plaza, a dar vueltas incansablemente hasta las 20 horas, cuando todos íbamos por Inmaculada Concepción a la estación ferroviaria a esperar el tren que venía de Santiago (corría sólo dos veces al día, el otro llegaba cerca de las 11 horas, cuando era tiempo de estar en la playa). La verdad es que la inmensa mayoría de los que repletábamos la estación no iba a esperar a nadie. Una vez que el convoy partía rumbo a Barrancas, San Antonio y Cartagena, regresábamos a la plaza. Había música a través de `parlantes. Algunos bailaban en el centro de ella. Otros se sentaban a conversar, pero la mayoría daba las tradicionales vueltas. Todos admirábamos lo hermoso de la plaza: los jardines, un pino en forma de casa, los prados, el árbol de la vida. Cuidaba esa plaza el “maestro” Armando Vidal, que pololeaba con nuestra nana Carmen.

Aparentemente, la vida transcurría idílicamente en Llo-Lleo y en todo Chile. Pero en esos mismos momentos cientos de comunistas estaban en la cárcel o en Pisagua; miles eran perseguidos, expulsados de su trabajo.

También en esos días, miles de revolucionarios trabajaban en la clandestinidad.

Pero ni lo uno ni lo otro lo sabía o le importaba a la mayoría de aquellos que iban a la playa, daban vueltas en la plaza o recibían el tren de la noche.

Yo me encontraba entre esos ignorantes y despreocupados chilenos que vivían en las nubes. Pero algo maduraba en mí. Alguna huella había dejado el comprobar la forma en que se calumniaba a los comunistas. Sentía simpatía, solidaridad hacia ellos, esto de un punto meramente humanitario. Me sentía un buen samaritano, deseoso de ayudar al hermano perseguido.

Supe que un sastre de Llo-Lleo, llamado Ramón Urzúa, estaba relegado en Pisagua. Conversé con sus vecinos. Todos hablaron muy bien de él.

Observé que algunos comunistas, a los que conocía de vista, se paseaban solos. La gente, incluso sus amigos, temía que los vieran con ellos.

Ello me indignó. Fue como un desafío para mí. Me dije que yo haría lo que otros no se atrevían a hacer. No tenía miedo. Me sentía ingenuamente protegido. Pensaba que el hecho de ser dirigente de la Juventud Católica, presidente del Estrella, hijo del dueño del almacén de la esquina o estar a las puertas de la Universidad, me daba una especie de fuero.

Era fines de diciembre de 1947. Una noche estando en la estación vi a un joven obrero de la construcción, conocido comunista, Armando Alarcón Piña, que se paseaba solo. Me acerqué a él y lo saludé. Contestó con una naturalidad, que me desconcertó un tanto, pues esperaba que mi actitud lo sorprendiera. Me conocía y sabía quién era. La gente había abandonado el lugar. Nos sentamos en un banco junto a la cabina de la Estación. Luego de hablar sobre el tiempo, tema apropiado para iniciar una conversación, le hice varias preguntas, que respondió ampliamente: ¿Qué eran los comunistas? ¿Por qué luchaban? ¿Por qué los perseguían?

La conversación de esa noche de verano comenzó a abrirme las puertas hacia un mundo hasta entonces desconocido para mí, que me maravilló desde el primer momento. Fue también el inicio de una gran amistad.

Nos juntábamos todas las tardes. Armando me hablaba de Luis Emilio Recabarren, de una historia muy distinta a la que había aprendido en el liceo, de Lenin, de la Revolución Rusa, de la Unión Soviética, de la traición de González Videla.

Me parecía increíble que un obrero, que debió abandonar la escuela para entrar a trabajar cuando aún era un niño, supiera tanto.

Ante una pregunta, me respondió lleno de orgullo:

-El Partido me ha educado. En sus filas he aprendido todo lo que sé.

Esta afirmación me conmovió. Pensé: un Partido que forma esta clase de jóvenes no puede ser malo.

Recuerdo que un día, cuando se acercaba la mitad de enero, Armando, así de frentón, siempre con su característica sonrisa, me propuso que me hiciera comunista y que le ayudara a reorganizar las Juventudes Comunistas de Llo-Lleo, desaparecidas a causa de la represión del traidor. Me contó que quedaban sólo dos: él y otro joven de la construcción de apellido Huala, y que para constituir la Jota se necesitaban a lo menos tres. Y me planteó: tú puedes ser el tercero. ¿Qué te parece?

Me pilló de sorpresa. Yo simpatizaba a esas alturas totalmente con los comunistas, pero no había pensado siquiera en la posibilidad de incorporarme a la lucha. No me encontraba con pasta de revolucionario.

Dos sentimientos experimenté ante la proposición de Armando. Felicidad por la confianza depositaba en mí por él (que después supe que detrás de ella estaba la opinión positiva del Partido). Por otro lado, miedo. No a la represión, porque ni pensaba en ello, sino a no poder cumplir y defraudar a los compañeros.

Respondí: podría intentarlo con tu ayuda y si me es permitido poner tres condiciones: que me permitan seguir creyendo en Dios, que no se me obligue a ser dirigente ni a hablar en público.

Armando, inteligente y sin sectarismo alguno, me explicó que no había problema alguno. Que esas tres cosas las debía decidir yo personalmente.

Acepté. El compañero me abrazó emocionado.

III.- Una tarde de verano cerca del mar

15 de enero de 1948. Nos juntamos en la esquina de Providencia con Canelo de la plaza de Llo-Lleo. Eran las 18 horas y la gente comenzaba a cumplir con el ritual de las vueltas. Armando llegó con el compañero Fernando Huala. Caminamos por avenida Providencia en dirección a Tejas Verdes.

Armando había propuesto reunirnos al aire libre, pues era más seguro. Parecíamos tres amigos dando un inocente paseo. Pero se trataba de una sesión solemne y de profundo contenido revolucionario. Armando explicó que se acostumbraba en las reuniones de la Jota a designar un presidente. Decidimos que presidiera el compañero Huala.

Armando abordó asuntos internacionales, la situación en Chile y las tareas que debíamos efectuar en Llo-Lleo. Era el informe político.

Varias cosas no entendí y sobre las cuales pregunté más adelante.

Se aprobó mi ingreso a las Juventudes Comunistas y se eligió el secretariado de la base. A la cabeza, como secretario político, quedó Armando. Fernando fue designado encargado de organización.

Entonces, Armando me dijo:

-Compañero Iván (en adelante me llamaría José Soto, nombre de batalla que elegí) necesitamos alguien que se encargue de cobrar las cotizaciones mensuales y controle los carnés (éste era una tarjeta doblada en dos). En su portada se leía en color azul: “Club Deportivo Camilo Henríquez”, en el interior doce cuadritos, uno para cada mes del año, donde se debía colocar la estampilla correspondiente. En la contraportada, se indicaban los tres deberes fundamentales de un “socio”: asistir a reuniones, pagar mensualmente las cuotas y cumplir las tareas asignadas.

De acuerdo, dije, sin darme cuenta que desde el primer día ocupaba un puesto de dirigente, pues había aceptado ser el encargado de finanzas de la base, pasando yo mismo por encima de una de las tres condiciones que había puesto para ingresar a la Jota.

Ese 15 de enero de 1948 se constituyó en el día más importante de mi vida. Esa tarde de verano, cerca del mar, me hice miembro de la gran familia comunista.

En ese día se iniciaba, también, un nuevo capítulo en la historia de la Joven Guardia de la Comuna de San Antonio. Se constituía el núcleo inicial de lo que sería, en pocos años más, un ejemplo de organización juvenil revolucionaria.

Esa noche, antes de dormir, me hice una promesa. Me dije: tal vez no tenga pasta para ser un verdadero comunista, pero a lo menos en tres cosas estoy seguro que jamás fallaré: fidelidad al Partido y a la Jota, responsabilidad para cumplir toda tarea que se me entregue y puntualidad.

Han pasado 70 años de ese inolvidable día del verano de 1948 y sigo siendo un joven combatiente, que sólo anhela contribuir, ahora desde mi célula Julieta Campusano de Ñuñoa, a hacer realidad lo soñado por Marx, Engels, Lenin, Recabarren, Julieta Campusano, Luis Corvalán, Sola Sierra y millones de comunistas.

Cap. VIII: “El todo o nada, es igual a nada”

Reflexiones de un militante comunista de base en torno a la derrota de diciembre de 2017

Iván Ljubetic Vargas, historiador

No hacerse el harakiri,
pero tampoco hacerse el leso.

CAPÍTULO VIII: “EL TODO O NADA, ES IGUAL A NADA”

El Frente Amplio es una coalición de 14 entidades políticas unidas por una ideología pequeño-burguesa, que se expresa en la práctica con la formula “del todo o nada”.

En su breve visita a Chile para entregar su apoyo al candidato Guillier, el ex Presidente y actual senador uruguayo José “Pepe” Mujica, fundador del Frente Amplio de ese país, expresó con su tradicional sabiduría: “El todo o nada, es igual a nada”.

El Frente Amplio criollo, luego que su líder Beatriz Sánchez obtuviera un sorpresivo 20,27% de los votos en la primera vuelta presidencial del 19 de noviembre de 2017, y sumara 20 diputados y un senador en las parlamentarías de ese mismo domingo, entró en un profundo proceso de reflexión para decidir qué hacer ante la segunda vuelta del domingo 17 de diciembre de 2017.

El jueves 30 de noviembre de 2017, las 14 organizaciones que forman el Frente Amplio entregaron, a través de la ex candidata Beatriz Sánchez, una declaración en que esa coaliciónno expresó un apoyo directo a Alejandro Guillier:

“Nuestro primer llamado es a cada uno de nuestros votantes a reflexionar y a expresarse en las urnas en esta segunda vuelta de acuerdo a sus propias convicciones y análisis”. Eso sí, en la declaración afirmó que Sebastián Piñera es “un retroceso”.

Además, pidieron mayor claridad al oficialismo respecto a planteamientos como el fin de las AFP y el fin al lucro en la educación.

“Aquí no cabe una negociación. No buscamos cargos, no buscamos cupos ni un co-gobierno (…) no se trata de dialogar con nosotros, sino de hacerlo con las personas que apoyan estos cambios en la sociedad”, sostuvo Beatriz Sánchez.

No tardaron los agradecidos aplausos de la reacción criolla. El Comando de Sebastián Piñera, alborozado, calificó como un “rotundo fracaso político” para la Nueva Mayoría la resolución del Frente Amplio de no entregar un apoyo explícito a Guillier en la segunda vuelta., a pocos minutos de haber sido comunicada, y agregaron que “el FA ha dejado herida en el ala la candidatura de Alejandro Guillier“.

“El apoyo no se ha producido y se expresaron las diferencias políticas de fondo que mantienen con la candidatura de Alejandro Guillier. Para el Frente Amplio la candidatura de Guillier es desde el punto de vista programático ambigua, que no se ha hecho cargo de las demandas del Frente Amplio”, dijo Andrés Allamand (RN), vocero de la campaña.

Jaime Bellolio (UDI), por su parte, aseguró que desde el conglomerado “saben que Guillier va a perder” y tildó de tibia la resolución, y además bromeó señalando que “quizá cambien el color de su logo y lo pongan todo amarillo”.

Este episodio de la política chilena me recordó otro, ocurrido en el Parlamento alemán. Augusto Bebel (1840-1913), destacado dirigente de la socialdemocracia pronunciaba un discurso. De pronto la derecha lo aplaudió. Entonces Bebel detuvo sus palabras y él mismo se preguntó: “¿Qué has dicho, viejo imbécil, que la canalla te aplaude?”.

Pero la pequeña burguesía no es revolucionaria. Por tanto, no se puede esperar de ella una actitud autocrítica. No es como el viejo Bebel.

Posteriormente, parlamentarios electos y dirigentes del Frente Amplio comunicaron que votarían contra Piñera y que, para ello, marcarían preferencia a Guillier. Todos lanzando dardos contra éste. Verdaderos salvavidas de plomo.

No hay dudas que una parte de los que votaron por Beatriz Sánchez lo hicieron por Guillier en la segunda vuelta. La líder de Frente Amplio afirmó: “Hubo un traspaso de 70% a 80% de los votos frenteamplistas a la candidatura de Alejandro Guillier”.

Pero, si los dirigentes y parlamentarios del Frente Amplio hubiesen puesto los intereses de Chile por encima de sus intereses partidarios y personales, Piñera habría sido derrotado. Así se habría abierto el camino para llevar a cabo sus postulados. Esa actitud ambigua y vacilante es otra muestra de su sello pequeño-burgués.

Lenin en su obra “La enfermedad infantil del ‘izquierdismo’ en el comunismo”, escribió:

“El pequeño burgués ‘enfurecido’ por los horrores del capitalismo es, como el anarquismo, un fenómeno social propio de todos los países capitalistas. Son del dominio público la inconstancia de estas veleidades revolucionarias, su esterilidad y la facilidad con que se transforman rápidamente en sumisión, en apatía, en fantasías, incluso en un entusiasmo ‘furioso’ por tal o cual corriente burguesa ‘de moda’.” (Lenin: Obras Escogidas en tres tomos. T. III, p. 360)

Gabriel Boric, diputado reelecto por Magallanes del Movimiento Autonomista, con su singular prepotencia, tuiteó el lunes 15 de diciembre de 2017: “El Frente Amplio no es balón de oxígeno de la Nueva Mayoría”. Las patitas del magallánico. Es bueno que alguien le informe, aunque sea por tuiter, que la Nueva Mayoría no necesita de balón de oxígeno alguno. Menos el Partido Comunista, que después de las elecciones, goza de muy buena salud.

Lo que Chile requiere es la unidad más amplia, unidad en la diversidad, para enfrentar los intentos regresivos del gobierno de Piñera. Unidad desde los revolucionarios, socialdemócratas, cristianos, hasta pequeñoburgueses. ¡Todos unidos por un Chile mejor!

El mismo diputado Boric llamó también la atención por otras declaraciones: Frente al Gobierno de Piñera señaló “hay temas en que más allá de diferencias, tenemos la obligación de ponernos de acuerdo”.

¡Atención! Un diputado del Frente Amplio, que se autoproclama un movimiento “nuevo”, llama a utilizar el “viejo” y fracasado sistema de los “consensos”, que siempre ha favorecido a la derecha. ¿No es caso ésta, otra veleidad pequeñaburguesa?

CEILER